Sr. Director:

Nos ha sobrecogido la muerte de Erika Ortiz, la hermana menor de la Princesa de Asturias. No se sabe la causa. Hace poco cogió una baja laboral por depresión.

La depresión es una enfermedad muchas veces mortal, y cada vez más frecuente. El deprimido no muere por desequilibrio de sus órganos vitales; pero sí por el desajuste de su mente angustiada y sin el control de una voluntad fuerte. Se dan casos en que, buscando un alivio rápido para su sufrimiento, aumentan la dosis de barbitúricos, y la reacción es fatal.

Algunas depresiones tienen su raíz en la naturaleza de quienes la padecen (depresiones endógenas); pero también puede provocarlas la angustia de este vivir sin vivir que nos traemos, la falta de sosiego interior en una época de progreso científico y tecnológico pero de estancamiento del espíritu. Hoy todo es movimiento veloz, y resulta que las personas necesitamos reposo; hasta las noticias e imágenes televisivas se suceden con rapidez vertiginosa, y no se asimilan: dentro de nosotros no se forma el poso de nada. Necesitamos una vida familiar serena; pero ni los niños ni adolescentes se sienten seguros: una alumna me confiaba su angustia por ver a compañeros con los padres separados, aunque los suyos se llevaran bien. Necesitamos amor; pero encontramos egoísmo y demasiado odio. Sumado a los problemas que se acumulan y a la falta de escucha, el hombre vulnerable se derrumba. Tenemos necesidad de ratos de silencio, de amistad, de consuelo, de horizonte, de paz. Los países ricos suelen ser los más pobres en salud psíquica, y en España hemos comenzado ya el camin las muertes por suicidios superan a las de accidentes de tráfico; en especial, en los jóvenes. ¿No será que muchos están llenos de diversiones y de cosas, pero vacíos de valores? ¿Quiénes suelen escapar mejor? Yo creo que la gente de fe, los que saben hacer ratos de silencio para contemplar y sentirse amados por el Amigo que nunca falla. En Cristo encontramos consuelo, serenidad, horizontes, ideal, fortaleza, esperanza. Como digo a mis hijos, fuera de Él no es fácil encontrarlo.

Josefa Romo

pepirromo@yahoo.es