Hay que lograr que la televisión sea más abierta, más libre y, sobre todo, realizada desde la pluralidad y la diversidad. La televisión es una ventana abierta al mundo desde las distintas perspectivas animando sus respectivos proyectos informativos.

Ante la expresión de una niña de 11 años sollozando angustiada, quebrada por los nervios y sin poder terminar su canturreo en el programa Britains Got Talent, el Gobierno anglosajón ha iniciado una investigación sobre cómo son trajinados los chiquillos que intervienen en torneos de talento u otro tipo de shows televisivos.

Una de las decisiones consistirá en requerir a las cadenas televisivas que acrecienten la ayuda psicológica de los chavales durante un fogueo ante las cámaras que, en algunos casos ha dejado una secuela traumática.

La cadena ITV, que lanzó al triunfo a Susan Boyle, afrontará los requisitos en los que deberán ser asistidos las criaturas que intervendrán en acciones delante del plató. La reglamentación anglosajona, que legaliza la aparición de niños en los programas de distracción infantil se remonta al año 1968 y, desde entonces, no ha sido corregida.

Se pide que los progenitores de los niños en todo momento, salvo cuando están en el tablado. Según el Trade Unions Congress: esos programas están basados en la explotación y humillación de gente vulnerable, lo que no puede aceptar.

Por otra parte Digney, en una investigación de mercado, averiguó qué les agrada a los chiquillos, cuáles son sus lances y cómo se distraen. Esta indagación resalta que casi todos los referentes de los chavales son valientes con espíritu de renuncia.

Con todos estos ingredientes, la cadena televisiva ha producido una parrilla para un adolescente que se maneja con las nuevas tecnologías, que se revela a través del ingenio, para quien los deportes constituyen su relación social y que se ha desarrollado en la noción arraigada de espectador.

"La televisión ha acabado con el cine, el teatro, las tertulias y la lectura. Ahora tantos canales terminarán con la unidad familiar", afirma Jean Renoir.  

Clemente Ferrer 

[email protected]