Insisto en que La Gaceta de los Negocios se ha convertido en uno de los exponentes intelectuales del actual panorama mediático español, que no es poco y resulta hasta raro. Pero el pensamiento dominante, que es el progre-capitalismo, es un virus que afecta también a los mejores. Sin ir más lejos, mi admirado Juan Pablo de Villanueva titulaba el pasado lunes: La prosperidad del capitalismo. Toda una defensa del modelo económico surgido tras la caída del Muro de Berlín.

Y días atrás, en el mismo diario, el ex gobernador del Banco de España, Luis Ángel Rojo, insistía en las tesis de la libertad económica como premisa del bienestar social.

Artículo y entrevista que resultan muy interesantes porque constituyen las dos caras del progre-capitalismo : el capitalismo progresista que defiende Villanueva y el progresismo capitalista del maestro de economía del ex presidente González, es decir, Luis Ángel Rojo.

Como buen socialista, Rojo empezó predicando el papel del estado y ha acabado hablando de déficit fiscal, empezó como estatista y terminó como monetarista, un recorrido propio de los progres. Y así, lo único que le preocupa a Rojo es el equilibrio presupuestario, pero no a costa de reducir impuestos y gastos sino de aumentar los impuestos hasta que cubran los gastos que no es lo mismo.

Otrosí, en la misma entrevista, Rojo aplaude la deslocalización hacia los nuevos países emergentes: China, India, etc Naturalmente, el viejo profesor tiene la tendencia de los viejos progres: lo que importa no es que algo sea justo e injusto sino evitable o inevitable. Así, que como resulta inevitable que China e India se dediquen a competir en el mercado internacional a costa de pagar salarios de miseria a chinos e indios, los sistemas chinos e indios deben darse por buenos, y ponerlos en la picota es un síntoma lamentable de falta de modernidad. En esto ha derivado el progresismo capitalista llegado de la izquierda: en la aceptación sumisa y borreguil de que las ganancias de productividad son una consecuencia de los salarios bajos, esto es, casi un reflejo del gran Servicio de Estudios del Banco de España, que alcanzó con Rojo su máximo prestigio. Su doctrina es muy coherente, siempre que cuando escriben competitividad, el lector traduzca salarios bajos.

El capitalismo progresista de Villanueva es más llevadero, pero también más sutil y engañoso. Para Villanueva, el capitalismo es la doctrina que defiende la necesidad del respeto total a la libertad económica, para promover la prosperidad material y el progreso económico. Nos encontramos aquí ante la semitautología: ¿Quién puede negar la libertad económica? Ahora bien, el derecho humano básico no es el liberalismo económico, ni tan siquiera la libertad de iniciativa sino la propiedad privada y la igualdad de oportunidades. Es aquí donde Villanueva intercala como sinónimos dos principios que no lo son: liberalismo y capitalismo. Atenta contra el liberalismo económico, las restricciones fronterizas y las obsesiones antiglobalización. Pero aún más, el capitalismo salvaje de los mercados financieros, que son la nota dominante del sistema capitalista actual, han generado la libertad de la zorra en el gallinero. Los mercados financieros representan hoy un proceso de especulación rampante que enmarca la diferencia entre ricos y pobres y, sobre todo, entre productores y rentistas. Y no nos engañemos: es la libertad económica la que ha propiciado esos mercados financieros gigantescos cada vez más alejados de la vida real. Villanueva llama en su auxilio a Rafael Termes, en efecto, un liberal de los pies a la cabeza, pero olvida que fue Termes quien recordó en los años 80 y el efecto se ha multiplicado- que la Bolsa se ha convertido en un casino. Y por el momento, para controlar la burbuja especulativa permanente de los mercados financieros sólo se me ocurre un árbitro : el Estado, que es poco liberal.

 

Eulogio López