• A costa de los Activos Fiscales Diferidos (DTA).
  • Y no es éste el momento para reducir crédito.
  • Los siete grandes bancos españoles no podrían monetizar 36.000 de los 60.000 millones de euros contabilizados de DTA.
  • O ampliar capital o reducir balance: si no puedes reponer el capital, siempre puedes reducir tus activos y pasivos hasta que quede una diferencia entre ambos que resulte legalmente aceptable.
  • En eso consiste básicamente el desapalancamiento: en que los bancos deban menos (reducción de pasivos) y, a su vez, les deban menos (reducción de activos). Pero, ¿y el crédito

Seguimos en España a vueltas con los escudos fiscales, los activos por impuestos diferidos o los 'deferred tax assets (DTA)' o como demonios los quieran llamar. Les recuerdo lo que son básicamente: derechos a reducir las obligaciones fiscales futuras de las compañías. Como tales derechos, las compañías los contabilizan entre sus activos y, por tanto, incrementan su solvencia: la diferencia entre dichos activos y sus obligaciones o pasivos. El hecho es de capital importancia en el caso de la banca; lo fue durante el pasado otoño y parece que vuelve a serlo en la actual primavera.

Los DTA siempre han estado bajo sospecha para el regulador de la solvencia bancaria internacional, es decir, el comité de Supervisores bancarios que se reúne en el Banco internacional de Pagos de Basilea (de ahí su nombre popular: Basilea). En concreto, el último de los acuerdos de Basilea, Basilea III, que se traspuso recientemente a la normativa europea, no consideraba a los DTA como activos y, por ende, reducía la diferencia entre activos y pasivos bancarios, el patrimonio neto, core capital o capital principal, como quieran llamarlo, de las entidades. La reducción no era una broma, porque al margen de dejar a muchas entidades fuera de la ley (de solvencia, se entiende) reducía la exigua capacidad de dar crédito de las mismas. Al fin y al cabo, si no puedes reponer el capital, siempre puedes reducir tus activos y pasivos hasta que quede una diferencia entre ambos que resulte legalmente aceptable. En eso consiste básicamente el desapalancamiento: en que los bancos deban menos (reducción de pasivos) y, a su vez, les deban menos (reducción de activos).

Los DTA tenían hasta la reforma reciente un doble origen: diferencias temporales y bases imponibles negativas (BINs). Los del primero no eran puestos en duda por Basilea III: provenían de haber contabilizado como gastos determinadas inversiones antes de que lo permitiera Hacienda. Ergo, con el tiempo, la cosa revertiría y se recuperaría la deducibilidad fiscal, no permitida hasta la fecha. Los del segundo sí eran puestos en duda: nada permite aventurar que una compañía con pérdidas pasadas podrá obtener en el futuro, y antes de su liquidación, beneficios que se queden libres de impuestos, por compensación de dichas pérdidas. No considerar como activos, a efectos de solvencia, estos DTA por BINs ponía en peligro, en el caso de España, la solvencia de muchas e importantes entidades bancarias.

La solución ya la comentamos en Hispanidad en otra ocasión: la italiana. La solución italiana consiste en el aval público a los DTA puestos en entredicho, de modo que, si finalmente la entidad que los contabilizó no puede compensarlos con beneficios, el Estado se los abonará en títulos de deuda pública que se podrán vender en los mercados. Que es lo que ha hecho el ministro de Guindos. Ya saben. La moda de avalar que han tomado nuestras autoridades para reducir, sobre el papel, el volumen de la deuda pública. En España, no es que se avalara todo, tampoco es eso, pero sí mucho. Si miran el cuadro de más abajo, podrán ver que de los 60.000 millones de euros de DTA de los siete grandes bancos españoles, el 40%, es decir, 24.000 millones de euros, son monetizables o, lo que es lo mismo, canjeables por deuda pública, si fuera necesario. El resto de las cantidades son recuperables de la Hacienda Pública por diversas vías: compensación de pérdidas (BINs) durante los próximos 18 años (14 mil millones de euros) y diferencias temporales (21 mil millones de euros).

Por entidades, les dejo el cuadro a la vista: pero sólo las tres grandes instituciones (Santander, BBVA y La Caixa) absorben el 70% de los DTA y la mitad de ese 70% (42.000 millones) son del Santander (21.000 millones de euros).



Luego, está el problema de la valoración de estos DTA. Están calculados con los tipos impositivos hasta la fecha y recogen los ahorros fiscales estimados, pero si se bajan dichos tipos los ahorros serán menores, ergo estarían sobrevalorados. De manera aproximada, cada rebaja de un punto en el tipo del impuesto de sociedades supondría una reducción en 2.000 millones de euros en el valor de los DTA. Si la bajada de impuestos fuera de cinco puntos, como se está hablando, a los bancos anteriores les desaparecerían activos por valor de 10.000 millones de euros. Es cierto que a cambio las facturas fiscales futuras serían más bajas, pero las compensaciones que pretendían también y eso no tendría reflejo en los balances actuales, sino en los futuros.

De la noche a la mañana sólo notarían una cosa: 10.000 millones de euros menos de patrimonio neto. No es una broma. Entre otras cosas porque cada euro que se reduce el patrimonio neto, reduce la capacidad de crédito de un banco en 12 euros y medio. Con estas cifras estaríamos hablando de una contracción del crédito de 125.000 millones de euros de golpe. Luego, con el transcurso de los años, y los menores impuestos finalmente pagados, todo volvería a su ser. Pero, de momento, lo dicho: menos crédito aún.

Rodrigo de Silos

rodrigode@hispanidad.com