• Tras la refinanciación, los bancos insisten al dúo Janli-Martorell: que vendan Mediaset y Sogecable.
  • Ocurre que Telefónica se ha puesto firme y Mediaset también. Alierta por el precio, Berlusconi porque no le interesa el 18%.
  • Y Santillana, si fuera necesario.
  • Han firmado la refinanciación porque no tienen otra posibilidad, pero la banca acreedora –incluido el Santander- exige desinversiones.

Junta extraordinaria de PRISA para aprobar la refinanciación exigida por los bancos. Ya saben lo que significa refinanciar: me salvo hoy pero me ahogaré pasado mañana. Pero el grupo que lidera Juan Luis Cebrián (en la imagen) no tiene contentos a los bancos. Hasta su primer acreedor, además de amigo, el Grupo Santander, empieza a estar más que harto de la exigencia de Cebrián, un grupo que, de no ser por su poder informativo, estaría en concurso de acreedores.

Los bancos (principales acreedores, Santander, HSBC, Caixabank y Bankia) están hasta el gorro de los desplantes y de las exigencias de Cebrián y de su numero dos, Fernando Abril-Martorell. Así que han aceptado refinanciar –qué remedio- pero insisten en que vendan todo lo vendible. Lo primero, el 18% de Cuatro, esto es, Mediaset España. Esto tiene un problema: Berlusconi no necesita un 18% y hasta los fondos de inversión se piensan mucho adquirir una participación minoritaria cuando el mayoritario es Berlusconi y su telebasura.

Segundo. Más difícil aún de vender es Sogecable, una participación del 56%. Sobre todo porque Telefónica, y otra vez Berlusconi, no aceptan lo que pide Abril-Martorell, empeñado en no apearse de sus 900 millones de euros. Ahora mismo, con la caída en picado de la televisión de pago por la crisis, y con los derechos del fútbol a unos precios que nadie puede rentabilizar, Telefónica no está dispuesta a ofrecer ni 600 millones.

Los bancos insisten en que venda la que sea, pero que venda. Por la Ser poco se obtendría y Santillana, lo mejor del Grupo en términos monetarios, ya está pignorada, precisamente con la refinanciación.

En cualquier caso, hasta a Emilio Botín, el banquero más amigo de la casa, se le está acabando la paciencia.

Eulogio López

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