Sr. Director:
Desde ciertos sectores del nacionalismo catalán se están redoblando las presiones al Tribunal Constitucional, todo ello en previsión de una sentencia sobre el Estatuto no tan absolutamente favorable como quisieran.

Algunas coacciones han sido calificadas de intolerables por parte de algún miembro del Gobierno Central, pero dichas con la boca pequeña, para, a renglón seguido matizarlas.

Considero que las presiones a altos tribunales, las haga quien las haga, son un ataque a la democracia y al estado de derecho. Las decisiones se han de acatar aunque no gusten, más como en este caso sabiendo que hay postulados que están, como mínimo, al límite de la constitucionalidad e introduce profundas alteraciones en el entramado institucional.

Quiero, Sr. Director, mostrar mi indignación ante las actuaciones de quienes, por el cargo que ostentan o por lo que representan, deben dar ejemplo de talante democrático, en cambio, promueven, con sus acciones o con sus omisiones, presiones contra aquellas personas que tienen la obligación de emitir su juicio con absoluta independencia.

Pedro J. Piqueras Ibáñez

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