Aún resuenan los ecos de la foto del año, la de la familia presidencial acompañando al presidente Barack Obama.

Es más, desde el pasado viernes, un ambiente de regocijo cubre el país. Sin embargo, Zapatero se ha enfadado con los medios informativos por publicar una foto de sus hijas -y eso que eran pixeladas- tras la censura presidencial a la agencia pública EFE.

La vicepresidenta primera del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, con la mesura y ecuanimidad que le caracteriza, ha calificado la publicación de la foto -insisto, pixelada- como uno de los más graves atentados contra la privacidad de toda la historia de la democracia.

¿Atentado contra la intimidad en una recepción pública?

Las hijas de Obama se han convertido en estrellas de la televisión mientras el hijo de Sarkozy aparecía en la tribuna de Naciones Unidas. La futura reina de España, infanta Leonor, aparece con sus padres en cientos de instantáneas. Doña Teresa asegura que algunos dirigentes, particularmente su jefe, prefieren que sus hijas vivan en el anonimato. Ahora bien, si esa es su elección:

¿Por qué se las lleva a un viaje oficial y a una recepción igualmente oficial y pública? Si todos los mandatarios que pasaron por el museo neoyorquino se hicieron una foto con el anfitrión la única instantánea en censurarse al público fue ésa? La crítica no era contra las hijas de ZP, sino contras su vestimenta, que procede de sus padres salvo que éstos abdiquen de la formación de sus hijas en Educación para la Ciudadanía (EPC).

No fotografiaron a sus hijas en el patio del colegio o en sus espacios privados -que por ser hijas del presidente son espacios públicos-, sino en un acto oficial, dentro de un viaje oficial a una Cumbre oficial

Entonces, ¿por qué se enfada, señor presidente? ¿Por qué amenaza con el espero que sea la última vez?

Usted no protege la intimidad, usted es un prepotente. Pretende, como en tantas otras cosas, que lo anormal, lo gótico, se convierta en normal pero, al mismo tiempo, no le gusta que se vea. Algo parecido a la postura de la moral progre frente a la prostitución: no nos importa que exista con tal de que no se vea.

Si usted pretende proteger la intimidad de su esposa e hijas, que su esposa e hijas no se beneficien de los actos que pagamos todos los españoles. Así que es hora de que los periodistas hagan mangas y capirotes de la amenaza gubernamental. No se preocupen, que no lo harán: para eso están sus editores, vendidos a La Moncloa.

¿Sabe usted, señor Zapatero, cuál es el trasfondo del problema? Pues que sus hijas fueron vestidas de góticas a una recepción donde el anfitrión era el presidente de los Estados Unidos. Y lo gótico no es normal en tal escenario. El problema es ese. Que lo normal existe -es lo que se atiene a la norma- y usted, señor presidente, relativiza todas las normas, salvo las que usted mismo promulga y publica en el BOE. Pero la verdad no es relativa, la realidad, tampoco.

Porque si hubiesen ido vestidas de normal la mala leche hispana no se hubiera cebado con ellas. La culpa, señor presidente, es suya y de su esposa, quienes, prisioneros de sus propios tópicos, no han sabido cumplir con el deber más penoso de unos educadores: llevarle la contraria a sus retoños adolescentes y negarse a secundar sus caprichos. Pero para corregir a alguien en nombre de la verdad, hay que creer y saber que la verdad existe. ¿Tu verdad? No, la verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela

La culpa, señor presidente, no la tiene la prensa, demasiado dócil a sus censuras, cuya reacción debiera haber consistido en re-publicar la instantánea para demostrar su independencia, sino sólo suya. Por las razones antedichas.

Eulogio López

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