Algún día el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón será presidente de Gobierno, lo que no tengo tan claro es por qué formación política. Ya lo dijo Pío Cabanillas, en día de elecciones: Todavía no sé quién, pero seguro que hemos ganado.

 

El alcalde de Madrid ha casado a dos homosexuales del Partido Popular. Esto ha sentado muy mal en el PP, y el responsable de comunicación otro hombre de alma laica-, Gabriel Elorriaga, le ha tachado de incoherente aunque, modernidad obliga, afirmó que el Partido Popular respeta mucho a los homosexuales pero no está de acuerdo en que se llame matrimonio al gaymonio. Es decir, que nos encontramos ante una cuestión terminológica. Por ejemplo, si a las prostitutas les llamamos trabajadoras libres del sexo, el asunto cambia mucho y, desde luego, debe ser legalizado. Es lo mismo que ocurre con los terroristas cuando la prensa británica les declara separatistas vascos. La verdad es que el alcalde ya es conocido popularmente en Madrid como Gay-ardón, que es quien lleva la razón en este caso y no el sector oficial del PP. Porque claro, si lo único malo del matrimonio gay es que se llame matrimonio y si no se discute el derecho a la libre opción sexual, si, en definitiva, la homosexualidad es tan digna como la heterosexualidad, y las parejas de hecho deben serlo de derecho, entonces el homomonio debe ser inequívocamente legalizado promocionado y legalizado tal y como ha hecho el alcalde de Madrid. Si la sexualidad homo es tan digna como la hetero lo lógico es que la ley regule una situación que habitualmente se denomina matrimonio, e igualmente lógico es que los homosexuales eduquen a sus hijos (procrearlos no pueden) porque ese es uno de los fines del matrimonio. Porque lo malo no es el matrimonio homosexual sino la homosexualidad en sí, que no es matrimonio ni es amor por la sencilla razón de que no es sexo sino otra cosa que nos vamos a callar. Así que la reprimenda popular a Gallardón es tan falsa como la felicitación de los socialistas.

 

El portavoz parlamentario del PSOE, López Garrido, es un personaje que mantiene una lucha permanente para no asustar a sus interlocutores. De ahí, que haya sorprendido a la parroquia con su entusiasta felicitación a su adversario político : Las leyes se tienen que cumplir y se tienen que acatar.

 

La verdad es que una cosa es acatar las leyes y otra ejecutarlas. Porque, según la teoría de Garrido, llegaríamos a la conclusión de que todo lo que no está expresamente prohibido es estrictamente obligatorio. Y así, Garrido y Gallardón habrían ejecutado con entusiasmo las leyes de internamiento de judíos en campos de exterminio o los fusilamientos en las fosas de Katyn, o simplemente- algo mucho más grave- la ejecución de un condenado a muerte en la Texas de George Bush. No, para mí que Gallardón no tenía ninguna obligación de casar a los dos gays. En cualquier caso, contra la ley injusta no sólo cabe la rebelión sino la aplicación del derecho humano fundamental a la objeción de conciencia. A fin de cuentas, una democracia sin objeción de conciencia no es una democracia. Qué casualidad que el Gobierno Zapatero tenga obsesión con la antiobjeción de conciencia, si no, que se lo pregunten a médicos, jueces, etc

 

Por cierto, siempre me ha sorprendido que el lobby homosexual recuerden que lo malo no es lo gay sino el orgullo gay- nunca hiciera bandera del escritor homosexual más importante de la modernidad: el angloirlandés Oscar Wilde. Acabo de leer la obra de uno de los mejores biógrafos actuales, Joseph Pierce, Oscar Wilde. La verdad sin máscara. Y ahora sí que lo entiendo. Wilde cayó en el submundo de la homosexualidad y de la prostitución gay, pero jamás se convirtió, ni en sus peores momentos, que fueron muchos, en defensor de algo que consideraba antinatural. Despreciado por toda la sociedad victoriana, condenado a trabajos forzados y convertido en la burla de todos los que antes le alababan, le insiste a su esposa Constance para que no convierta a Cyril, su hijo pequeño, en un niño mimado, de la misma forma que lady Queensberry lo había hecho a Alfred Douglas. Fue Douglas el homosexual depravado que provocó su ruina y su caída. En sus últimos momentos Wilde se confesaba protagonista de una monstruosa perversión sexual y de una monomanía sexual de carácter terrible. Por lo general si no se vive como se piensa se acaba pensando como se vive: pero hay personajes que tienen la grandeza de no caer en esa perversión de la conciencia. Pueden cometer todo tipo de aberraciones pero no están dispuestos a convertir la aberración en virtud por la simple razón de que la practiquen ellos. Oscar Wilde se hizo repulsivo por su homosexualidad pero Pedro Zerolo no hubiera logrado convertirle en miembro de la Federación de Gays y Lesbianas. Tenía mucha más clase y mucha más conciencia. Naturalmente, Wilde nunca será un icono del lobby gay. Fue un personaje, con todos sus defectos, muy admirable.

 

Eulogio López