El Tribunal Supremo ha finiquitado el caso Tabacalera, en el que se acusaba al presidente de Telefónica, César Alierta, de utilizar información confidencial en beneficio de su sobrino, Luis Javier Placer, cuando Alierta era presidente de la compañía tabaquera.

Sobre el fondo de la cuestión repito lo de siempre: nunca he apreciado información confidencial ni, por tanto, delito en la actuación de Alierta, porque los presuntos privilegios informativos consistían en conocer la subida del precio del tabaco (en una época en la que Tabacalera proponía pero el Gobierno disponía) y en el famoso acuerdo con el Gobierno cubano sobre puros habanos, que de confidencial no tenía nada porque la propia Tabacalera había anunciado reiteradamente las negociaciones con el Gobierno de Castro, y era materia de ruedas de prensa.

Repito, también, que la operación no me gusta, porque aunque no veo nada sucio, un sobrino, por muy broker financiero que sea, nunca debe invertir en una empresa presidida por su tío, por aquello de que la mujer del César.... Y esto aunque no juegue con ventaja.

Dicho esto, lo que sí resulta inmoral es la utilización espuria, por decirlo finamente, que Pedro J. Ramírez hizo del caso Alierta, un invento suyo en toda regla. Ramírez y algunos otros admirados periodistas de la Transición han implantado un tipo de periodismo que no pretende influir sino amedrentar con la influencia. Más que justicia, se busca venganza.

La historia del caso Tabacalera es muy sencilla: Alierta, recién llegado a Telefónica, heredó un poderoso grupo de medios informativos (Admira), que Pedro José Ramírez quería controlar. En concreto, en Onda Cero se libró una batalla de lo más interesante, hasta que los delegados del director de El Mundo desaparecieron.

Por pura casualidad, en ese momento el diario de Unedisa comienza a dar pábulo a una desconocida asociación valenciana de defensa del accionista (AUGE) dirigida por el abogado José Luis Davó, que trabajó a pachas con El Mundo contra Alierta, según el mismo reconoció -y se jactó- en una famosa entrevista periodística grabada que, casualmente, no fue aceptada por los jueces como prueba.

En definitiva, con un periódico y un sumario, y con cierta influencia en los jueces, pueden hacerse maravillas. Así, el caso Tabacalera, negado por la CNMV y por diversas instancias judiciales, sobrevivió durante nueve años, hasta que en la mañana del miércoles, el Tribunal Supremo lo daba por prescrito.

Es igual, El Mundo ha venido ratificando que sí había delito y que Alierta era inocente por mera prescripción del mismo. Así que, por aquello de "sostenella y no enmendalla", elmundo.es publicaba a las 8.22 (¡qué cosas!, hora y media antes que el Supremo lo notificara a las partes) el siguiente titular: El Supremo absuelve a Alierta por prescripción, pero dice que delinquió. Pues no, Pedro José, no seas mentiroso. Lo que dice el Supremo es, incluso, que la Audiencia Provincial de Madrid, en ningún momento ha declarado la condena de los acusados como autores de tal infracción penal, sino que se limita a decretar su prescripción.

Ni la Audiencia Nacional ni el Tribunal Supremo te han dado la razón. El Supremo no ha dicho que Alierta delinquiera. Como la mentira era demasiado demostrable, a media mañana el precitado titular de elmundo.es había cambiado, pero manteniendo el espolón de proa. Ojo al dato: El Supremo absuelve a Alierta por prescripción en el caso Tabacalera, pero con un antetítulo rompedor: Pero confirma todas las informaciones de El Mundo. ¿Comprenden? Vale, Alierta no delinquió pero El Mundo dijo la verdad. Pues no: El Mundo mintió y los jueces no confirman, antes al contrario, sus informaciones.

¿Por qué mientes, Pedro José?

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com