La pobreza aumenta en España. La verdad es que para llegar a esa conclusión no hacía falta un estudio, aunque no siempre viene bien, porque los análisis estadísticos no tienen rostros o tienen demasiados, que es tanto como no tener ninguno.

Me comenta una religiosa que atiende un comedor de caridad que lo que más le preocupa sobre el aumento de la pobreza son los pobres de pelo limpio. Así definen a quien nunca ha tenido que pedir y ahora se ve obligado a ello. En principio el comentario me parece cruel pero, a medida que me explica el motivo de sus desvelos por la clase media que ha dado en la miseria, voy comprendiendo.

Al menos por dos razones: porque el pobre de pelo limpio que viene a pedir comida resulta más concluyente que cualquier informe estadístico sobre el hecho de que la pobreza se está adueñando de España.

La segunda porque, y ella lo sabe mejor que nadie, entre los pobres habituales, a los que se ha dedicado durante 30 años, hay mucho mendigo profesional. O, si lo prefieren, gente acostumbrada a la mendicidad, en ocasiones demasiado acostumbrada. Dicho de otra forma, el pobre de pelo limpio no sabe sobrevivir en la miseria. Es un pobre desesperado, a veces al borde del suicidio.

Eulogio López

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