Cuando un Gobierno no sabe cómo arrestar un palo a la ciudadanía convoca un Comité de sabios o acude al consenso. O a Europa, especialista en la receta de píldoras amargas.

El problema de las pensiones no es económico, es demográfico. Europa es una población envejecida que se niega a tener descendencia. Por eso, la mejor forma de hacerse sostenible es fomentar la natalidad con un salario maternal.

Pero, por el momento, estamos en salir del atolladero. Los sabios, que son muy sabios, nos han dado la receta para hacer sostenibles el sistema de pensiones: cobrar menos. Se trata de una inteligente reducción progresiva de la prestación por jubilación. Ahora bien, la solución no es cobrar menos sino trabajar más. En concreto, prohibir las prejubilaciones y retrasar la edad de jubilación por profesiones. No se puede ser picador hasta los 70 pero sí profesor.

Con los salarios pasa lo mismo. Son las altísimas cuotas sociales españolas, las más altas de Europa, las que sostienen las pensiones pero también las que fomentan la economía sumergida y atentan contra la creación de empleo.

Y es que, al mismo tiempo que hablamos de reforma de las pensiones nos referimos a la necesidad de minijobs o trabajos mal pagados. Pues no. A un trabajador le puedes pedir que trabaje más, lo que no le puedes pedir es que cobre menos si lo que cobra no le da para llegar a fin de mes o, en el caso de los jóvenes, para independizarse y formar su propio hogar.

No se trata de reducir los salarios, que son muy bajos en España, sino de reducir los impuestos que pagan empresas y asalariados.

Eulogio López

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