Más Parot. El Estado de Derecho se guía por la legalidad y constituye, sin duda, la fórmula de gobierno y de organización social más legítima que haya encontrado la humanidad. Pero es imperfecto, como la democracia, que no es exactamente lo mismo que el Estado de Derecho.

Bajando a la tierra: lo relevante en la sentencia de Estrasburgo sobre la doctrina Parot no es la legalidad de la decisión (llevan pegándose los juristas desde que habló Estrasburgo) sino la justicia -es decir, la moral- de esa decisión. La moral siempre resulta más nítida y concluyente que el derecho.

Para mí, tras haber escuchado el parecer de muchos expertos, la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo es legal e injusta, es decir, inmoral. Legal por cuanto aplica la ley, injusta porque, en efecto, no es lo mismo matar a un hombre que matar a decenas de hombres.

Insisto: fíjense si la moral es más objetiva que la legalidad que los juristas nunca se ponen de acuerdo, por ejemplo sobre la doctrina Parot. Sin embargo, la inmensa mayoría de los españoles recuerda lo dicho, lo del abogado del Estado Español, Salama: No es lo mismo matar a 1 que matar a 1.000. Ese sentido primario de la justicia todo el mundo lo entiende.

Ahora bien, o la legalidad es justa o hay que cambiarla. Y no vale invocar el Estado de Derecho porque la ley no puede ser nunca la última solución dado que la ley es letra muerta, que sólo resucita cuando una mentalidad humana la aplica… y la puede aplicar de muy diversas formas y con muy enfrentadas interpretaciones.

De hecho, los hermanos Portero y otros muchos juristas, consideran que el Gobierno pudo hacer más para evitar el fallo de Estrasburgo… si lo hubiera hecho antes. O como diría Noel Clarasó: jurado: grupo de hombres que se reúnen para saber cuál de los dos abogados es el mejor.

Otrosí, que no deja de ser más de lo mismo. Algún amigo lector me dice no estar de acuerdo con eso de "No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón". Idea que no es mía sino de Juan Pablo II 'el Grande' y que está directamente relacionado con la sentencia sobre la doctrina Parot.

En efecto, no habrá paz en Euskadi si no hay justicia con las víctimas pero, a la postre, siempre queda lo del obispo de San Sebastián, monseñor Munilla, quien pide a los terroristas que se arrepientan de sus crímenes y a las víctimas y a sus familiares que respondan con el perdón cristiano. Para lo primero hay que ser valientes. Para lo segundo, mucho más.

Eulogio López

[email protected]