Paquistán constituye un peligro para la libertad religiosa y, consiguientemente, para la paz mundial.

El autoproclamado triunfo del musulmán Nawaz Sharif (en la imagen), apoyado por la violencia talibán, y prematuramente reconocido por otras fuerzas políticas, de esas que corren presurosas en socorro del vencedor, no es una buena noticia para el mundo. Es pésima. Ha triunfado lo que la necia progresía europea llaman los conservadores. Lo que ha triunfado es el islamismo moderado que no impone la Sharia porque todavía no puede imponerlo.

Sharif es el arquetipo de líder político musulmán -estilo Hermanos Musulmanes de Egipto- que acepta llegar al poder por métodos democráticos para ir evolucionando de a poco hacia la tiranía islámica, que es la que le permite mantener el contacto con los fanáticos del país y él retener el sillón presidencial. Que Ben Laden se ocultara en Paquistán no es una casualidad, sino una coincidencia.

La libertad religiosa del siglo XXI es la libertad de los cristianos para practicar su religión. El resto de religiones ya dispone de esa libertad -salvo las perturbadas por querellas sectarias, tipo chiítas contra sunitas- porque no molestan al poder y son utilizadas por este. Además, al Nuevo Orden Mundial (NOM), es decir, la atmósfera dominante en el mundo, no le molestan ni judíos ni musulmanes ni budistas ni sintoísta. Mucho menos le molesta su propio credo, consistente en un sincretismo sin Iglesia y en un relativismo sin moral. No, el enemigo del NOM es la Iglesia de Roma, y para acabar con ella no duda en utilizar a cualquier otro credo, por muy fanático que éste sea.

Insisto, el peligro no está en Siria, porque Bashar Al Assad era y es muy bestia pero permitía la libertad religiosa, que, junto al derecho a la vida, se ha convertido, en tiempos del NOM, en el derecho más importante de todos. Sin derecho a la vida no hay democracia; sin libertad religiosa, tampoco.

Que Paquistán, una potencia nuclear, pegada a otra potencia nuclear como es la india, encima panteísta, es decir, donde el respeto a la vida y la dignidad de la persona están bajo mínimos, un Paquistán controlado por el fanatismo islámico es como para echarse a temblar. Ahí está el caso de Asia Bibi para demostrar hasta dónde puede llegar el fanatismo musulmán... apoyado y hasta jaleado por la progresía occidental.

Otrosí: la estupidez congénita de la progresía mediática española lleva a calificar al vencedor, el partido Islamista de Sharif como triunfo "conservador". Se trata de un término y un uso que trata de igualar el fundamentalismo islámico con el 'fundamentalismo cristiano', también calificado como 'conservador'. Es decir, lo que El País llama ultracatólico. Y ultracatólicos -esto es, ultras- son, no lo duden, los católicos fieles al Magisterio. Según El País claro está.

Eulogio López

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