• Pero recuerda que existe otro martirio, el martirio cotidiano, que también es "un 'perder la vida por Cristo', cumpliendo con su deber con amor, según la lógica de Jesús, la lógica del don y sacrificio".
  • Puso como ejemplos a los "papás y mamás que cada día ponen en práctica su fe, ofreciendo concretamente la propia vida por el bien de la familia" y de los sacerdotes, frailes y religiosas que "desarrollan con generosidad su servicio por el Reino de Dios".
  • Y también puso como ejemplo a otros mártires, aquellas personas que "pagan un alto precio por su compromiso con la verdad": "¡Cuántos hombres justos prefieren ir contra la corriente, para no negar la voz de la conciencia, la voz de la verdad!".
El Papa Francisco (en la imagen) pronunció ayer domingo unas palabras tras el rezo del Ángelus que en esta ocasión se han referido a la persecución a los cristianos. Comenzó recordando las palabras de Jesús del Evangelio del domingo: "El que quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mi causa, la salvará" (Lc. 9,24).

El Santo Padre se preguntó qué significa "perder la vida por la causa de Jesús". Y respondió: "Esto puede suceder de dos maneras: ya sea explícitamente confesando la fe, o defendiendo implícitamente la verdad. Los mártires son el mejor ejemplo de perder la vida por Cristo. En dos mil años, son una legión inmensa los hombres y las mujeres que sacrificaron su vida para permanecer fieles a Jesucristo y al Evangelio".

El Papa Francisco se acordó de que hoy en día, en muchas partes del mundo, "hay muchos, más que en los primeros siglos, muchos mártires que dan su vida por Cristo, que son llevados a la muerte por no renegar de Jesucristo. Esta es nuestra Iglesia. ¡Hoy tenemos más mártires que en los primeros siglos!".

Pero, a continuación, explicó que existe otro martirio distinto al de la sangre y que no implica la muerte, el martirio cotidiano, que también es "un 'perder la vida por Cristo', cumpliendo con su deber con amor, según la lógica de Jesús, la lógica del don y sacrificio. ¡Pensemos en la cantidad de papás y mamás que cada día ponen en práctica su fe, ofreciendo concretamente la propia vida por el bien de la familia! ¡Pensemos en todos ellos! ¿Cuántos sacerdotes, frailes y religiosas desarrollan con generosidad su servicio por el Reino de Dios ¿Cuántos jóvenes renuncian a sus propios intereses para dedicarse a los niños, a los discapacitados, a los ancianos... ¡Estos también son mártires! ¡Mártires cotidianos, mártires de la vida cotidiana!".

El Papa Francisco también se acordó de aquellos, cristianos y no cristianos, que "pierden la propia vida por la verdad. Y Cristo dijo: 'Yo soy la verdad', por lo tanto, quien sirve a la verdad sirve a Cristo". Tras poner el ejemplo de Juan Bautista, que murió por la causa de la verdad cuando denunció el adulterio de Herodes y Herodías, el Santo Padre exclamó: "¡Cuántas personas pagan un alto precio por su compromiso con la verdad! ¡Cuántos hombres justos prefieren ir contra la corriente, para no negar la voz de la conciencia, la voz de la verdad! ¡Personas rectas, que no tienen miedo de ir contracorriente! Y nosotros, ¡no debemos tener miedo!".

Terminó sus palabras el Romano Pontífice acordándose de los jóvenes: "No tengan miedo de ir contracorriente, cuando les quieran robar la esperanza, cuando les propongan esos valores dañados, que son como una comida descompuesta, y cuando una comida está descompuesta nos hace mal; estos valores nos hacen mal. ¡Debemos ir contracorriente! Y ustedes jóvenes, sean los primeros: vayan contra la corriente tengan esa altura de ir contra la corriente, ¡adelante, sean valientes y vayan contracorriente! ¡Y siéntanse orgullosos de hacerlo!".

Y añadió, ya dirigiéndose a todos: "¡No tengan miedo de ir contra la corriente! ¡Sean valientes! Y así, como no queremos comer una comida en mal estado, no carguemos con nosotros estos valores que están deteriorados y que arruinan la vida, y que quitan la esperanza. ¡Vamos adelante!".

José Ángel Gutiérrez
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