El chino Hu Jintao -de visita en Estados Unidos- y el norteamericano Barack Obama se disputan la medalla de oro del poder en el mundo.

Se supone que el uno representa a Oriente y el otro a Occidente y, como todo tópico, el asunto tiene algo de verdad. Obama ha llegado al poder por métodos democráticos mientras que China es la peor de las tiranías que pululan por el planeta: es el comu-capitalismo o capimunismo. Ya saben, un país, dos sistemas: tiranía política comunista y sistema económico capitalista (de Estado, o más bien de partido, pero capitalismo a fin de cuentas). Vamos, que con los chinos se puede comerciar mucho y comunicar poco, se puede negociar pero no intimar. No les dejan.

Ahora bien, por encima de esas diferencias, la verdad es que Barack y Hu se parecen como dos gotas de agua. Ninguno de los dos reconocen el derecho a la vida, es más, son dos entusiastas del aborto y del embrionicidio, ambos han expulsado a Dios de la vida pública y ambos son relativistas: gente que no cree en la verdad, es decir, en otra verdad que en el mantenimiento de su posición. En plata, que no son ni de izquierdas ni de derechas, son progres. Y ya saben ustedes que el progresismo es aquello de abajo los curas y arriba las faldas, definición que salta por encima de altitudes y, sobre todo, de latitudes.

Sí, se pueden establecer distingos: el uno obliga a abortar y el otro sólo promueve el aborto; el uno persigue con saña a la Iglesia y el otro sólo pretende suplantarla; el uno considera que la verdad es una chufla y el otro sólo considera que la verdad, no es lo único importante.

No son dos enemigos, sino dos aliados: no pelean por sus principios, sino por sus intereses de potencias mundiales. Pero ambos obedecen al mismo sustrato y están hechos de la misma pasta. Enfrente tienen a la Iglesia, que es garante de libertades, debido a que no trata ni con contribuyentes ni con ciudadanos: sólo con hijos redimidos, es decir, libres.

Eulogio López

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