Lo de Beirut es grave, además de dejar en evidencia el fracaso de Barack Obama (en la imagen), el presidente de los Estados Unidos más alabado por la progresía mundial y el presidente más desastroso que haya podido tener Estados Unidos, Carter incluido.

Lo ocurrido en Beirut no es más que la demostración -la más reciente pero no la última- del enfrentamiento entre dos radicalismos islámicos: los sunitas con origen en Arabia Saudí y los chiítas con central en Irán. El resto no son más que derivados, Paquistán incluido.

Obama, Premio Nobel de la Paz y príncipe del pacifismo del Nuevo Orden Mundial (NOM), ha conseguido que la tierra del Islam estalle. Ha apoyado a los ricos sunitas de Arabia Saudí, la peor dictadura musulmana, contra los chiítas de Teherán y sus aliados: Iraq -donde ahora mandan los sunitas sobre la mayoría chií, gracias a las bombas norteamericanas de Bush, dicho sea de paso, y Siria.

Enhorabuena, presidente. Ha conseguido multiplicar el terrorismo islámico para que alcance nuevas cotas y nuevas tierras.

Eulogio López

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