Cuando Barack Obama (en la imagen) llegó al poder en 2008 ya advertí que yo también quería un negro en la Casa Blanca, pero no éste. El color de su piel le lanzó como estrella mundial, como el hombre más poderoso del mundo... y entonces me temía lo peor.

Ahora, en la segunda legislatura, es decir, ya en posición de 'pato cojo', nos llega el verdadero rostro de Obama: los Obamagate.

En primer lugar, el espionaje a la periodista de Associated Press (AP). Pero de eso no ha tenido la culpa él, claro está, sino la CIA. Ya se sabe que cuando la progresía quiere ocultar algo acude a las cloacas del Estado, es decir, a los servicios secretos, pero lo cierto es que los espías no son las cloacas del Estado sino las cloacas del Gobierno. Sólo recuerdo que por menos de eso, espiar al competidor demócrata, cayó Richard Nixon en el Watergate.

Mucho más grave me parece que el amigo Obama haya lanzado al fisco norteamericano contra los grupos conservadores, especialmente el Tea Party, que siempre hay un impuesto mal pagado. Pero claro, de eso tampoco tiene culpa Obama: la agencia tributaria norteamericana -lo ha dicho Lorenzo Milá- es totalmente independiente del Gobierno. En España ocurre lo mismo: la agencia tributaria es totalmente independiente de Cristóbal Montoro, titular de Hacienda.

Y luego viene lo de su política en el mundo musulmán. El tercer Obamagate consiste, no en robar información sino en ocultarla, en concreto sobre lo que ocurrió en Libia. Allí, como es sabido, Occidente apoyó a los insurgentes contra Gadafi, y los rebeldes le pagaron con su moneda habitual: asesinaron al embajador estadounidense y el Gobierno de Trípoli aún no ha movido un dedo para detener a los culpables. Son de los suyos.

La política de Obamagate, con el mundo islámico, ha resultado genial. En Libia, en Egipto y en Siria. Occidente ha apoyado a los rebeldes sirios contra el Régimen de Bassar al Assad. Es decir, ha apoyado a los mismos fundamentalismos de Libia y Egipto, dirigidos por caníbales que presumen, como lo de los chamanes hispanoamericanos con los que acabaron los españoles, los pulmones y el corazón de sus enemigos, que están muy ricos.

Por cierto, Obama siempre ataca a todos aquellos que, dictadores o no, al menos protegen la libertad religiosa de los cristianos en el universo árabe. Y Occidente, naturalmente, apoya al conjunto de dictadura árabe que masacra a los cristianos. Por ejemplo, Arabia Saudí.

Este tipo es genial.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com