Insisto: ¿de qué nos extrañamos? Unos adolescentes aburridos y ligeramente cocidos -pijo-borrokas- asaltan una comisaría, queman coches policiales, contenedores y la emprenden con quien se cruza en su camino. ¡Qué fiestuki!

A partir de ahí comienzan las reacciones, que son buenísimas: la juez los pone en libertad, porque los jueces no imparten justicia sino que aplican las leyes (Estado de Derecho, que le dicen). La actitud de Su Señoría ha cabreado un pelín a los policías pero de la opinión de éstos no hay que fiarse porque se trata de fuerzas represivas. El ministro de Educación, Ángel Gabilondo, nos pide a todos una reflexión profunda y serena, y esa opción debe considerarse definitiva. Su colega política, Esperanza Aguirre pide palo y tentetieso, propuesta que no puede sino ser aplaudida pero que resulta más justa que necesaria. Una psicóloga ha dictaminado que los pobres chicos se aburren y que los peores públicos, o sea, los demás, debemos facilitarles -pobriños- distracciones y otras formas de llenar sus horas de ocio. Para una psicóloga no está mal, pero al parecer, los pacientes a los que nos referimos prefieren quemar contenedores hacerse los amos de las calles y romperle la crisma a algún policía siempre, claro está, que sea en proporción 20 borrachos contra un sobrio.

Los hay que apuestan por reformas educativas. El colegio al parecer, lo resuelve todo. Otros sientan en el banquillo de los acusados a los padres. Lo son sin duda, porque los de estos retoños parece un poco excesivo. Los padres se defienden asegurando que lo que ocurre es que tienen miedo a sus hijos, lo cual es muy cierto.   

Uno prefiere buscar soluciones antes que encontrar culpables. ¿Por qué se aburren los adolescentes de Pozuelo? Porque una vida sin sentido es una vida aburridísima. Lo que no les ha proporcionado nadie quizás porque no sabían, y nadie da lo que no tiene, ni los padres ni los profesores ni, qué cosas, los psicólogos, es una razón para vivir, y quien tiene un porqué para vivir siempre acaba encontrando el cómo, sin necesidad de emborracharse ni tenderle trampas a la policía. Y la única razón para vivir es Cristo, que es camino, verdad y vida. Hemos prescindido de Cristo y, con Él, de la esperanza y no le encontramos un sentido a la vida, así que no podemos transmitirles ese sentido a nuestros hijos.

Además, si no existe Cristo, tampoco existen el bien y el mal. Y si no existe el bien y el mal, ¿por qué el joven de calzoncillos al aire debe ser el culpable y la policía el inocente? Empleando un galicismo: ¿En base a qué? Quitad lo sobrenatural, decía Chesterton y sólo os quedará lo antinatural. Por ejemplo: el asalto de comisarías en Pozuelo de Alarcón.

Por tanto, a corto plazo, las bofetadas de Aguirre. A largo, o llenamos su corazón de Cristo o llenamos sus manos de calimocho (perdón, Kalimocho).

Eulogio López

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