Lo dice Santa Catalina de Siena, la religiosa del Cisma de Avignon. Mejor, se lo revela Dios. Al parecer, hasta a los demonios, que después de todo son espíritus, les repugna la sodomía.

No es para menos, Clive Lewis advierte, en su obra Cartas del Diablo a su Sobrino, y en boca del gran demonio Escrútopo, campeón de la burocracia infernal, que esto del sexo resulta algo muy tedioso para los espíritus. Pero es que lo de la homosexualidad no es el tercer sexo, es una cochinada enorme y extraordinariamente degradante.

Nueva Zelanda se suma ahora a los países que, siguiendo el ejemplo vanguardista de España (iniciado por el PSOE y secundado por el PP), aprueba el homomonio. ¿Significa esto que se trata de una ola imparable Si hablamos del gaymonio probablemente sí, porque el ser humano es racional pero nunca se ha distinguido por su inteligencia. Ahora bien, que los políticos implanten el gaymonio no significa que la homosexualidad se generalice. Precisamente porque la generalización de la homosexualidad supondría la desaparición de la raza humana. A más homosexualidad, menos vitalidad, menos seres humanos. Oiga, en sentido literal.

Y, naturalmente, ni la Providencia divina ni la razón humana van a quedarse de brazos cruzados. Y si se quedaran parados -que no se quedarán- entonces la sociedad entera se resquebrajaría. Y con ella, la homosexualidad.

Lo que nos lleva a una segunda conclusión: ¿Quién va a sufrir más con la expansión del gaymonio y de la sodomía El homosexual, naturalmente. Es necesario ayudarle.

Eulogio López

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