El Parlamento catalán insiste hoy martes en lo que sabe que es imposible: un referéndum independentista. De hecho, Artur Mas sabe que ese referéndum no se va a celebrar y que está abocado, en su papel de político suicida, en que la cosa acabará con nuevas elecciones de carácter plebiscitaria donde conducirá la nacionalismo moderado al abismo, en beneficio de los comecuras ultraprogres de ERC y CUP.

Pero no, no habrá referéndum.

Ahora vamos con Madrid. Hispanidad adelantó, y ahora ya es del dominio público, que el ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo (en la imagen), era la clave. Margallo es el partidario en el Gobierno central de llegar a un acuerdo con la Generalitat, con un estatus fiscal distinto -cupo vasco- e incluso, con competencias extraordinarias que reconocieran el 'hecho diferencial catalán'.

Aclaración importante. Cuando los nacionalistas dicen que Madrid debe mover ficha están en un error. Quien debe mover ficha, proponer algo, es quien quiere cambiar la situación. Es decir, la Generalitat, no el Gobierno español. Ocurre que Mas se ha negado a ello una y otra vez, y exige que sea Madrid quien proponga la solución. Eso es absurdo y da pie a sospechar que muchos nacionalistas no quieren un acuerdo por el que teóricamente suspiran: lo que quieren es el enfrentamiento. O que no saben lo que quieren.

Pero, sobre todo, si la tendencia de Margallo a tender puentes con Cataluña no ha podido cuajar en nada hasta el momento, y eso es lo que ha envenenado la situación, es porque el titular de Exteriores estaba dispuesto a analizar cualquier propuesta... con tal de que se llegara al 'prou'. Es decir, que CIU dijera lo siguiente: sí, con este acuerdo me doy por satisfecho. Basta.

De esta forma, lo que se impone es el victimismo rabioso -sí el victimismo también puede ser rabioso- de los chicos de ERC, unos verdugos que, con una caradura sorprendente, se empeñan en pasar por víctimas.

Y ojo, porque Cataluña se arrastra hacia el abismo, hacia la radicalización.

Eulogio López

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