La crisis económica actual es financiera, toda una novedad. Las crisis históricas eran de penuria -de alimentos, de energía o de ambas cosas a la vez-; la actual es crisis de sobreabundancia... de dinero. Desde Alan Greenspan vivimos en un océano de liquidez y los especuladores -vale, los rentistas- son quienes mandan en el mundo. El único amo es el que tiene liquidez.

Y así, con las bolsas europeas en caída libre y, sobre todo, la deuda de diversos países europeos ahogando a sus respectivos fiscos, resulta que la esperanza de España está en la manguera, en la máquina de hacer dinero, competencia de los bancos centrales.

Ahora mismo, España mira anhelante al Banco Central Europeo (BCE) como la única instancia que puede salvarle, a costa de seguir emitiendo fondos para que, bien de forma indirecta o indirecta -a través de la banca privada- le compre su deuda.

Y probablemente sea una buena noticia, pero entendámonos: si el BCE saca la manguera, España e Italia quedarán muy aliviadas pero profundizaremos en la crisis global, cuya salida no consiste en lanzar más dinero sino en retirarlo. Insisto, esta es una crisis de abundancia -de liquidez-, no de penuria.

Eulogio López

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