No está resuelto todavía si el nasciturus es un ser humano. Lo ha dicho el ministro de Fomento, José Blanco, Pepiño, y, en ese caso no tengo nada más que añadir.

Salvo, quizás que como, aún no le ha quedado claro a Blanco, lo mejor es, mientras nos aclaramos, establecer una moratoria sobre todo tipo de abortos, quirúrgico, químico o mecánico, hasta que alcancemos el deseado consenso. Está claro que in dubio pro reo y en este caso, inmersos en la duda, debemos optar por la víctima.

Después de los de ser vivo y ser humano, llega Pepiño, quien, por no haber alcanzado aún una conclusión definitiva. Es cierto que un nasciturus se parece demasiado a un niño y, de paso, que el nacimiento es el traslado, apenas un par de metros, desde el seno de la madre hasta su primera cuna, sin que se produzcan cambio alguno en su esencia.

Pero lo más asombroso de todo, sin lugar a dudas, es que Pepiño haya llegado a ministro e igualmente sorprendentes son los argumentos que utiliza: los del mercado de la muerte para negar una evidencia que resulta cansina: que el niño es niño antes y después del parto.

Eulogio López

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