La reforma financiera de Barack Obama consiste en más de lo mismo. En Estados Unidos, porque en Europa ya se viene aplicando desde tiempo atrás.

Sólo que esas barreras defensivas, han resultado inanes frente al tornado especulativo de Nueva York, Londres y Francfort y frente al apalancamiento o sobre-endeudamiento propio de la Europa continental.

¿En qué consisten esas medidas? Pues en otorgar más poderes a la Reserva Federal para que controle a los bancos privados. Como es sabido, en Estados Unidos la Reserva Federal es la responsable de la política monetaria -como en la Unión Europea los el BCE- pero no de la supervisión bancaria. De ello se encarga el banco central de cada Estado, por lo que el banco central del Estado de Nueva York anda muy ajetreado durante la última generación.

Por otra parte, los bancos de inversión verdaderos protagonistas de la orgía especulativa y de la burbuja que estalló en 2007, no suelen funcionar como bancos de depósitos y no se encuentran bajo el control de los bancos centrales de cada estado.

En cualquier caso, la inspección bancaria de los mercados anglosajones se ha basado en las agencias de riesgo, verdaderos estafadores indocumentados que otorgaban las máximas calificaciones crediticias a bancos un día antes de que éstos presentasen concurso de acreedores. Y ni tan siquiera han pedido disculpas. Y así continúan, con un negocio oligopolítico, otorgando calificaciones buenas a los poderosos y rigurosas al resto.

El plan de Obama consiste en que Estados Unidos imite a Europa tras habernos llevado a todos al desastre.

El segundo sector de la grandiosa reforma financiera Obama consiste en seguir salvando a los especuladores a cambio de dinero público. Hasta el momento, salvar a los sinvergüenzas de Wall Street ha costado 3 billones de dólares, a más de 2 billones de euros. La manguera la abrió Bush pero el grueso de las entregas corresponden a la nueva Administración e incluso los otorgados por los republicanos contaron en el Capitolio con más apoyo de congresistas demócratas que republicanos.

En cualquier caso, hasta el momento, la broma del progresista Obama, que sólo en sus mítines y entrevistas es duro con los especuladores, ya se ha gastado 3 billones de dólares, algo más de 2 billones de euros en reflotar bancos con dinero público, bancos a los que debería haber dejado quebrar. Recordemos que todo el PIB español apenas supera el billón de euros.

Que no, que los fondos públicos sólo deben utilizarse para proteger al ahorrador, no a los bancos.

La mayor reforma financiera desde la gran depresión consiste en más de lo mismo, en una burda imitación de Europa en materia de control de riesgos sistémicos. Es decir, en atar corto a los especuladores. Y ojo, porque ni esos riesgos han logrado impedir sustos, y a veces graves, en el Viejo continente.

¿Cuál sería la mayor reforma financiera desde la Gran Depresión? Pues aquella que apuntara contra la especulación y el apalancamiento. Contra la primera sólo conozco una forma de luchar: el fisco. Toda aquella actividad financiera que no tenga por objetivo el apoyo de la economía real, debe ser gravada a lo bestia (lo bestia puede ser lo de ahora mismo) mientras se rebaja el ahorro de labiada que compró matildes para complementar su vejez cortando el cupón cada año. Distíngase fiscalmente entre mercado primario y la mayor parte de los mercados secundarios y tendremos medios solucionado el problema.

Contra la segunda causa de la crisis, el apalancamiento, se lucha con regulaciones, bajo el dicho popular de que no deben ponerse todos los huevos en la misma cesta. Insisto: el pecado especulativo es anglosajón, no europeo, pero si la banca española no tiene liquidez para satisfacer a familias y pymes es porque sólo las seis grandes constructoras españolas se habían repartido 100.000 millones de euros y habían agotado la caja. Y encima para financiar operaciones especulativas, porque ni los Entrecanales querían quedarse en Endesa ni Florentino Pérez en Unión Fenosa.

Recuerdo al que fuera director general del Banco Central, Luis Blázquez, cuando presumía de colocar él sólo más convertibles que toda la red del banco. Claro, es que él las colocaba al por mayor, y el mayorista es, precisamente, el que no devuelve el dinero. El pequeño, la familia, el autónomo, etc., siempre paga sus deudas, si no pagan es porque realmente no pueden hacerlo: se les embarga y a otra cosa. Los grandes morosos siempre son grandes y son los que hunden a los bancos y provocan crisis sistémicas, desde Tierras de Almería a Martinsa-Fadesa.

Por tanto, lo que tiene que hacer el Banco de España y demás organismos reguladores es tan simple como esto: privilegiar la financiación de lo pequeño.

Y ahora viene la pregunta del millón -o billón- de dólares: Obama, Brown, Merkel, ZP y compañía, ¿están impulsando este tipo de medidas contra la crisis financiera actual? Pues eso.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com