Con las majaderías del presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Gonzalo Moliner, o con las de la feminista -es decir, majadera- vicesecretaria del PSOE, Elena Valenciano, he recordado la comparación que hace Chesterton entre el inquisidor y el científico: "Lo que proclama el hombre de ciencia es que está siempre dispuesto a abandonar una hipótesis y, sin embargo, persigue a los demás en nombre de esa hipótesis. El inquisidor imponía violentamente su crédito porque este era inmodificable. El 'savant' lo impone violentamente porque puede cambiar al día siguiente".

Con su habitual profundidad, doña Elena Valenciano ha llevado el debate con Gallardón sobre el debate -ningún debate, ambos piensan igual- hacia la almendra de la cuestión: "Los obispos no nos dirán a las mujeres cómo debemos organizar nuestras vidas". Es decir, que son los obispos, precisamente ellos, los empecinados en que las mujeres no aborten. ¿Por qué será Si yo fuera obispo, un tipo célibe, ¿por qué puñetas iba a querer meterme en el berenjenal del aborto ¡Que aborte la que le venga en gana! ¿Por qué entonces ese empeño de los pro vida en defender la vida más inocente ¿Qué beneficio les reporta

Valenciano no tiene otro dogma que aquel que le permite hacer lo que le viene en gana en cada momento, según responda. Y si está hablando de vida y muerte, a ella le importa un pimiento. La procreación no es cosa de mujeres, hombres y niños, sólo del primer elemento, de las mujeres, de Valenciano. Al final, la única pregunta que no se hace esta reina de su sexo es: ¿Qué es un aborto ¿Consiste en matar a alguien

Las majaderías del presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Gonzalo Moliner, otro gran progresista, son de tipo judicial, pero tan cientifista como las de Valenciano. Insisto, menos preocupante en el caso concreto pero más en el mecanismo de fondo.

Asegura el insigne jurista que los escraches son una forma de libertad de expresión. Luego asegura que mientras no sean violentos es un derecho de los ciudadanos. Y esto lo dice el número uno del poder judicial, oiga usted. Dios nos libre del Gobierno de los jueces. Lo malo es que los jueces son, precisamente, los que gobiernan hoy en día porque, en una sociedad relativista, que niega el bien y el ml, lo verdadero y lo falso, el único objetivo que queda, el único dogma, es la sentencia de un juez.

Asegura que el acoso a una familia en su domicilio, en su privacidad, es libertad de expresión, si no acaba en violencia, que es como decir que el asesinato es un derecho del ser humano siempre que se haga sin violencia. Por ejemplo, con un veneno indoloro. Al parecer que el escrache, en sí mismo, es violencia en estado puro, no cabe en la cabeza del insigne juez.

¿En qué violencia cree este insigne y profundo filósofo del derecho Supongo que en la estrictamente física. Ya está: mañana mismo me situaré frente al Supremo y comenzaré en correcto uso de mi libertad de expresión a mentar a la madre del señor Moliner. Y, de paso, le diré un par de cositas sobre su trabajo, sus sentencias y, pasando de lo concreto a lo genérico, lo que pienso de ciertos jueces vendidos al mejor postor que dictan sentencias inicuas.

Estoy seguro de que los guardias civiles que vigilan, por decenas, su despacho considerarán, ya lo creo, que estoy ejerciendo mi salutífero y reconfortante derecho a la libertad de expresión y se cuidarán muy mucho de protegerme contra cualquier pelota airado del Consejo General del Poder Judicial. Me juego una sentencia absolutoria. Vaya que sí

Eulogio López

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