Por fin se ha editado en España Madre de Dios y Madre nuestra. Se trata de la mejor obra que yo haya leído sobre un fenómeno clave de nuestro tiempo: las apariciones marianas. El autor es un sacerdote argentino que prefiere mantener el anonimato aunque lo cierto es que el también argentino, que no cura, Santiago Lanús, ha aportado mucho a la revisión española del texto original. Pero lo importante es esto: nunca jamás había leído un libro sobre apariciones marianas contemporáneas y su relación con el fin del mundo tan claro, tan serio y tan completo.

Cita muchas apariciones de Nuestra Señora durante el siglo XX, pero se centra en tres: Fátima, Amsterdam -poco conocida en España- y Garabandal, tan conocida como silenciada en España y en todo el orbe cristiano. Es decir, dos apariciones aprobadas por la Iglesia y una reconocida por diversos Papas y santos pero ni tan siquiera en proceso de aprobación oficial, aunque tampoco negada. 

Este libro no tiene desperdicio, desde la primera palabra a la última. Un libro que, por decir algo, no hubiese editado ninguna de las grandes editoriales españolas, incluida la desideologizada Planeta. Bueno, Planeta sí tiene ideología, y muy rígida: su cuenta de resultados.

El prologuista es el catedrático de Historia contemporánea de la Universidad de Alcalá, Javier Paredes, que enmarca el fenómeno de las revelaciones marianas en la era moderna, la era de la cristofobia, la marca de fábrica del modernismo. Paredes habla de tres tipos de persecuciones modernistas: "En el primer modelo, los perseguidores ignoran que es la gracia martirial la que vivifica la Iglesia y no el mayor o menor número de cristianos". Vamos, sistema musulmán o hindú: muerto el perro se acabó la rabia. Muerto el cristiano se acabó el Cristianismo por odio a la fe, que los majaderos de Wikipedia aún siguen defendiendo que fueron asesinados por contrarrevolucionarios, cuando lo fueron por católicos.

El segundo tipo de persecución llega con la revolución francesa. Los muy ilustrados revolucionarios  no despreciaban el primer método, como pudo verse en la sangrienta persecución de La Vendée (1795), un verdadero genocidio de cristianos rurales, aunque los majaderos sinvergüenzas de Wikipedia sigan afirmando que fueron asesinados por contrarrevolucionarios, no por coherencia con su fe.

Pero tiene razón el catedrático Paredes: en este segundo modelo los Danton y Robespierre habían caído en que el Cristianismo era una religión sacramental (vamos, que lo que importa es la Gracia de Dios y que la sangre de los mártires es semilla de cristianos) por lo que su objetivo era "apartar a los fieles de los sacramentos". Y es que el enemigo era listo, porque estaba dentro: en esta persecución participaron clérigos cobardes o traidores, más galicanos que cristianos y más amantes de la revolución que del Vaticano.

A continuación, Paredes pasa al tercer modelo, el del siglo XXI, que denomina el "martirio de la coherencia". El del juez Fernando Ferrín, para entendernos, condenado y perseguido por intentar defender que un niño debe tener padre y madre: "Ahora a los perseguidores no les importa si vas o no vas a misa. Es más, si la parroquia en la que se celebra tiene algunos pedruscos de hace unos cuantos siglos, el sistema político puede que hasta financie el mantenimiento o la limpieza del templo". Y concluye Paredes con una advertencia sobre el esquema farisaico de este tipo de persecución que te financia templos, colegios y ONG católicas a cambio de que "los cristianos nos salgamos de las sacristías y nos alejemos de los parlamentos, los periódicos, las fábricas, las diversiones o los hospitales".

Yo me atrevería a ubicar una "cuarta" persecución, de corte asimismo intelectual y que es la más peligrosa de todas, digamos, el vertido de los otros tres modelos, además de la consecuencia lógica de las mismas: la blasfemia contra el Espíritu Santo. Es decir, las otras tres en su destino lógico. La blasfemia contra el Espíritu Santo, el pecado que no se perdonará ni en este siglo ni en el venidero, es algo tan simple como llamar bueno a lo malo y malo a lo bueno. Es la subversión misma del mensaje del Cuerpo Místico de Cristo. Lo cometieron los fariseos que calificaban a Dios de demonio (por el poder de Belcebú) y lo perpetra el Nuevo Orden Mundial (NOM) cuando hoy habla del "derecho al aborto". Es decir, no se trata de que quien aborta no sea castigado -porque quien despenaliza está reconociendo que el aborto es algo malo pero quiere indultar al culpable- sino de elevar el asesinato de inocentes a lo más sublime del ordenamiento jurídico contemporáneo: un derecho.

La blasfemia contra el Espíritu Santo es el mundo al revés y coincide en el tiempo con las apariciones marianas. Para mí, representa la última etapa de la cristofobia. Y sólo Santa María puede librarnos de ella.

Pero el libro Madre de Dios y Madre Nuestra da para mucho más. Seguiremos informando.

Eulogio López

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