Mañana sábado es el día de los Santos Inocentes, los primeros mártires de la era cristiana. Tenía prevista una inocentada periodística que debería titularse de esta guisa: "Rajoy prohibirá todo tipo de aborto en España y ayudará a las futuras madres con un salario maternal". Decía Chesterton que lo divertido no es lo contrario de lo serio sino de lo aburrido. Por tanto, por ese lado la broma resultaba pertinente. Y muy seria: la forma de acabar con la era abortera y con las sacerdotisas –lo digo por Elena Valenciano y compañía- del aborto que ofrendan crímenes rituales en el altar del progresismo, consiste en prohibir todo tipo de aborto y en que el Estado cuide de las madres gestantes (Seguridad Social) y les ofrezca un salario maternal a las parejas que deciden tener hijos, para compensar su formidable aportación a la sociedad.

La ley del PP es una ley de mínimos. No es una ley pro-vida, sino pro-muerte y ha cosechado por parte de los mercaderes de la muerte las mismas críticas que si hubiera hecho lo que tenía que hacer: terminar con el aborto de una vez por todas.

Tiene gracia porque eso sí sería adelantarse a Europa. El mundo empieza a darse cuenta de la barbarie del aborto. Sí, no se fíen de la obsesión mediática que pretende hacer obligatorio el aborto: es el fin de la marea de degeneración que comenzara en el siglo XX. El final será un estallido doloroso, sí, pero, a partir de ahí, se impondrá la sensatez, es decir, la vida, y todos nos llevaremos las manos a la cabeza por este medio siglo homicida en el que todos nos volvimos locos.

Volvamos a la ley Gallardón. Asegura el ministro que la "reforma del aborto es lo más progresista que ha hecho el Gobierno". Tiene usted razón, señor Gallardón: "La reforma del aborto es lo más progresista que ha hecho el Gobierno". Eso es lo malo, que es una norma progre. Mantiene el aborto, no como derecho humano, pero sí con el coladero del aborto psíquico. Ya saben: doctor, doctor, si no mato a mi niño me deprimiré. De lo más progresista.

Es cierto que la ley menciona los derechos del nasciturus, pero luego, señor Gallardón, no los reconoce.

De todas maneras, no olviden que quien centra el debate gana el debate. El debate no debe centrarse en las catalogaciones de las posturas sobre el aborto sino en el aborto mismo. Insito: si el PP quiere ser provida que emita, por ejemplo en la televisión pública RTVE, qué es un aborto. En Hispanidad publicamos imágenes muy desagradables... ¡de abortos! Cuando alguien observa un vídeo sobre un aborto o contempla imágenes de niños abortados... entonces es cuando la gente se pregunta: pero ¿qué estamos haciendo

Y si no centramos la cuestión del aborto sobre el aborto mismo los aborteros seguirán ganado el debate. Sí, ya sé que esto parece una tautología, pero ese es el problema: las cosas no marchan bien cuando hay que recordar la evidencia.

Eulogio López

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