"Ya podéis tirarle bombas

Y querer tirar sus muros,

Que el Pilar seguirá en pie

Mientras el mundo sea mundo".

Es el mensaje que corre por los móviles aragoneses.

Mientras, los colocadores de la bomba ('artefacto de escasa potencia', que destrozó diez bancos y hubiese destrozado a los que estuvieran sentados en él), el comando insurreccional (me encanta lo de insurreccional, sólo le falta que le añadan lo de librepensador) de Mateo Morral nos asegura que no quería causar daños a los feligreses y que, por ello, tuvieron el detalle de avisar a dos periódicos y, nada menos que 10 minutos antes, a la propia Basílica mariana.

La verdad es que don Mateo no advirtió al Palacio Real de que iba a soltar una bomba desde un cuarto piso de la madrileña calle Mayor sobre la comitiva regia de Alfonso XIII. Esto significa que los anarquistas se han democratizado mucho en el trascurso del siglo XX, todo un canto a la modernidad. Ahora ponen bombas pero avisan antes para que salgas corriendo.

Aún más explican sus motivos: resulta que la Basílica fue visitada por los fascistas Francisco Franco y Juan Pablo II. Y claro, eso obliga a poner una bomba. No sólo eso, como patrona que es de la Hispanidad (los lectores mexicanos se me ofenden cuando lo recuerdo, pues ellos postulan a la Guadalupana, pero no deja de ser cierto), destacan en la Basílica la bandera de aquellos países, víctimas del brutal genocidio de la colonización española. Extraño genocidio el que ha generado una raza mestiza, la hispana, algo que no generó ninguna otra colonización.

Lo único cierto es que la Cristofobia en Occidente ha pasado a violenta y que las palabras del fascista Juan Pablo II siguen siendo ciertas: España es "la tierra de María". Y si no, relean la copla.

Eulogio López

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