Decíamos ayer que el arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, volvió a demostrar su pulso espiritual con la Eucaristía de las Familias del domingo 29 de diciembre.

Pero es que, además, a la misa de las familias se unió la otra forma de agradecer el mayor regalo de Dios a los hombres, es decir, la Eucaristía. Y esa forma de gratitud es la adoración eucarística. 33 horas estuvo el Santísimo en la madrileña Plaza de Colón y en la adoración al Rey de Reyes participó el propio Antonio María Rouco. Dios en mitad de Madrid. ¿Dónde mejor

Con ello, el cardenal Rouco -que, cesante o no, sigue siendo el obispo de Madrid- mostraba el camino. Porque, en este momento trascendental de la historia del hombre sobre la tierra, las armas del cristiano son dos: la Adoración Eucarística y el Santo Rosario. Rouco ya ha exhibido una. Para los vaticanólogos coñazos, Rouco ya no pinta nada. Para las familias a las que los vaticanólogos importan una higa, y que acudieron a adorar al Santísimo en la Plaza de Colón o para las 100 familias neocatecumenales, con redaños suficientes para marcharse hasta los confines del mundo, Rouco no es don Antonio María, es un obispo sucesor de los apóstoles que marca el camino. Lo de menos es su nombre.

Ahora ya sólo le falta la otra eucaristía: la misa por la vida y contra el aborto. En la calle, claro, como ése. Como la festividad de los Santos Inocentes casi coincide en el tiempo con el de la Sagrada familia, lo lógico es que se traslade al 25 de marzo, fiesta de la Anunciación o día del niño por nacer, si lo quieren en laico.

Y junto a la Adoración Eucarística, la segunda arma del cristiano en tiempos de guerra -o sea, en los actuales tiempos, a las puertas de 2014- es el Santo Rosario. El bando enemigo -que diría Clive Lewis- tiene por primer objetivo prohibir la Eucaristía y la exposición del Santísimo. Y es posible que llegue a conseguirlo, en determinados lugares, a través de la conquista, que no eliminación, de la jerarquía eclesiástica, que es lo que se pretende en el actual proceso bélico. Si lo logra, podrá prohibir la Eucaristía. Entonces sólo nos quedará Santa María, es decir, el Santo Rosario.

Y hablando del Rosario… Para los vaticanólogos, tan amigos de decirles a los obispos lo que tienen que hacer, otro prelado, esta vez el de Pamplona, Francisco Pérez (en la imagen)  ha tenido las santas narices (nunca más santas) de ponerse a rezar el rosario frene al abortorio pamplonica de Ansoaín. Con un par.

De esta forma, don Francisco demostraba que quienes utilizan el rosario contra la nueva inmolación de víctimas sacrificiales a Satán (¿acaso es otra cosa el aborto), quienes se plantan ante un matadero humano para invocar a Santa María, refugio de los cristianos, no son ultras irredentos, sino pastores redimidos y valientes.

Lo dicho: las dos armas para 2014: Adoración Eucarística y Rosario. Lo demás son monsergas políticas o culturales. Bueno, de eso que los hombres llamamos cultura, sin reparar en que la sabiduría de los hombres es necedad ante Dios.

Eulogio López

[email protected]