Sr. Director:
Así, Ladrones de Tiempo, llaman en algunos lugares a los que habitualmente pierden su tiempo y se lo hacen perder a los demás con su falta de puntualidad, de organización, de previsión, en una palabra, con su ineptitud.

Los casos son tan numerosos y variados que terminan pasando desapercibidos por normales. Sus efectos pueden llegar a ser tan perjudiciales que no está demás llamar de vez en cuando la atención sobre ellos. Consideremos algunos casos:

En reuniones multitudinarias: mítines políticos, obras de teatro, actividades religiosas, conferencias culturales, actividades deportivas, etc. a veces, el personaje principal tiene por costumbre, retrasarse cinco minutos, diez o incluso media hora o más, haciendo perder el tiempo a docenas o a cientos de personas. Hoy día, cuando cualquier hora de trabajo cuesta 3.200 ptas. (Más de 53 ptas/ minuto ) es fácil calcular que cualquiera de estos  personajes está tirando a montones el dinero de los demás, sin que nadie les exija responsabilidades.

Algunos, con evidente falta de sensibilidad, llegan incluso a considerar los retrasos como signo de importancia social. O sea, que la reina de Inglaterra, exquisitamente puntual en todos sus actos, debe estar equivocada.

Unos amigos se reúnen a cenar. Como siempre, faltan algunos. Esperemos quince minutos por cortesía, se suele decir. ¿Por qué treinta personas tienen que tener cortesía con quien no tiene ninguna con ellos?. Por otra parte con esta cortesía ¿no estaremos fomentando un vicio?

Con demasiada frecuencia nos largan un : Te veré de 7 a 9 poco más o menos o nos dicen que El Sr. X comunica vendrá mañana por la mañana Sin más precisiones nos anclan en casa sin que podamos movernos de ella. Nuestro tiempo lo usan otros como un colchón.

Por otra parte, están esas esposas o madres que, un día sí y otro también, tras preparar la comida con gran cariño, esmero y un trabajo ímprobo ven como su esposo, hijos o invitados se retrasan hasta echar a perder el fruto de su trabajo. En ocasiones, en estos hogares se pierde algo más valioso que tiempo y dinero, se pierde la alegría y la felicidad familiar por estos  pequeños detalles.

Generalmente, la causa de la pérdida de tiempo, la falta de puntualidad reside en la falta de previsión y planificación de nuestras tareas, así como a un ambiente creado que lo propicia. A su vez, las faltas de organización tienen su origen en la falta de formación o en un bajo coeficiente mental de quien dirige el trabajo. Donde se trabaja sin orden, el personal puede que se mueva mucho, pero trabaja a disgusto y rinde poco. Un Ayuntamiento, Empresa o Asociación que no esté bien planificado será un Ayuntamiento, Empresa o Asociación mal dirigido y pronto arruinado.

Sólo en la provincia de Badajoz hay más de 5.000 docentes no universitarios. Una simple deficiencia en una comunicación relativa a oposiciones, traslados o cualquier otra en la que estén involucrados cientos de profesores pueden dar lugar a cientos de viajes, pérdida de días completos, de días de clases, de conferencias telefónicas, etc, cuyo costo puede elevarse a muchos millones. Lo mismo sucede con disposiciones erróneas emitidas por Consejerías de la Junta, Organismos militares, etc.
Entre nuestros artistas: albañiles, fontaneros, electricistas,...es demasiado frecuente la incapacidad para ser puntuales en sus trabajos. Eso sí, ellos cobrarán hasta el último minuto de su tiempo, tanto del empleado en trabajar, como por la disposición al servicio  y el transporte. ¿Qué pasaría si intentásemos descontarles el tiempo que nos han hecho perder esperándoles fuera de la hora convenida?

¿Qué decir del tiempo que estúpidamente nos hace perder la burocracia? Pregunten a cualquiera que haya intentado levantar una empresa o negocio. Poco menos de 100 trámites requerirá la tal broma. Algunos de estos trámites precisan varios días, semanas o meses. En una u otra ventanilla se sigue escuchando el Vuelva Vd. mañana. Funcionarios poco preparados ocupan puestos que les vienen grande. Directivos que siguen usando métodos y sistemas sin sentido porque así les dijeron un día que había que hacer.

Los políticos tienen una seria responsabilidad, que necesita recio coraje, para exigir el cumplimiento de los horarios de sus funcionarios y de los actos en que intervienen; dando previamente ellos ejemplo. Y, sobre todo, dejar de utilizar la política como oficina de colocación de familiares, amigos y compañeros inútiles para el cargo.

En cuanto a los pleitos, como las guerras, se sabe cuando empiezan, pero nunca cuando terminan. Nuestros gobernantes tendrán que preocuparse algo más de la justicia. Ahorrarse dinero en ella nos sale muy caro.

Los anglosajones no entienden las faltas de puntualidad. Desprecian a los no puntuales, y estos tardan muy poco en encontrase en la calle sin trabajo. Ahora que formamos parte de la Unión Europea nos obligarán a rectificar.

Exijamos que cualquier acto social empiece y termine a su hora, tanto si falta gente más o menos importante como si no. Muchas personas nos molestamos no porque un acto dure más o menos; sino porque su duración no se corresponde con el tiempo previsto. La gente será puntual, como lo son en las corridas de toros, o al viajar en tren, cuando sepan que el acto no se retrasará porque ellos no estén allí.

Resultan un poco chocantes esas citaciones que hablan de En primera convocatoria a las 8...en segunda a las 8:30..., con la cual, nadie se presenta a las 8. Son normas sin sentido, vigentes por pura inercia mental.

No olvidemos que el tiempo previsto para el descanso es parte integrante del trabajo y, por tanto, de análogo valor.

La telefonomanía se está convirtiendo en motivo serio de discusiones en muchas familias y negocios. Suena el teléfono, alguien se pega a él como una lapa, y para tratar algo que debería tardar no más de dos minutos se tiran media hora. Las facturas se disparan, y el teléfono queda inutilizado para cualquier otra actividad que no sea la de contarse los últimos chismes. La compra que se iba a hacer en el comercio A, cuyo teléfono comunica continuamente se hace en el B  que tiene el teléfono libre.

La responsabilidad de estas conductas recae, no sólo en los que así se comportan, sino también en los que pasivamente las toleramos. Más de un buen negocio se ha perdido porque alguien llegó tarde. Más de un noviazgo o matrimonio no cuajó porque uno de los dos siempre se retrasaba., lo cual cabrea bastante al personal. La falta de puntualidad es en realidad una forma de desprecio, una incapacidad para la convivencia, por la que muchos pagan un alto precio. En el fondo perder el tiempo y, sobre todo, hacérselo perder a los demás, es una necedad, que denota simple incapacidad para convivir en sociedad.

Hay muchas formas de crear riqueza. Una de ellas, que no precisa gastar una sola peseta, comprar maquinaria, levantar grandes fábricas ni tener título universitario es la de aprovechar bien en el trabajo, en cualquier trabajo, el tiempo propio y el de los demás.

Para los que nos llamamos cristianos, robar el tiempo es un pecado a confesar y del que hay obligación de restituir. Es grave en más de una ocasión. El tiempo no es sólo oro, es también armonía social y familiar, y es sobre todo: ¡vida!. Y nadie tiene derecho a disponer impunemente de la vida y el dinero de los demás.

Alejo Fernández Pérez