• El Congreso ha aprobado una medida que no ha creado empleo.
  • El texto ha contado con el apoyo de CiU, UPN y FAC.
  • Pero los sindicatos no la aceptan.
  • Y los empresarios consideran que no creará empleo.

Ya está. El Pleno del Congreso ha aprobado la reforma laboral. El Gobierno ha contado con los votos de Convergència i Unió (CiU), Unión del Pueblo Navarro (UPN) y Foro Asturias (FAC).

Aunque al final se han incorporado 85 enmiendas al texto, la Ley se ha quedado corta, y no ha gustado ni a sindicatos ni a empresarios. Como ya hemos explicado en numerosas ocasiones, el problema de esta reforma no es lo que promulga sino lo que no promulga.

En cualquier caso, el texto presentado por Fátima Báñez, ministra de Empleo (en la imagen), no ha gustado a los sindicatos, que lo han criticado desde el comienzo, más por temor a ver recortados sus privilegios que por defender realmente a los trabajadores de este país, que en muchos casos son autónomos o no están en nómina de grandes corporaciones.

Pero es que los empresarios tampoco han lanzado las campanas al vuelo. Es más, han recalcado en numerosas ocasiones que esta reforma no va a servir para crear empleo. Y están en lo cierto. No hay más que mirar los datos del INE, de la EPA o las últimas estimaciones de distintos organismos, como el Banco de España.

Durante el debate, Carmen Álvarez-Arenas, del PP, ha asegurado que la reforma mejorará la flexibilidad para que "el despido no sea el instrumento de ajuste". "Cinco millones y medio de parados nos están mirando, nos exigen medidas y acciones", ha afirmado. Cierto: les exigimos medidas y acciones, pero no exactamente estas.

Pablo Ferrer

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