No hemos superado la crisis, la hemos pagado. Dicho de otra forma, no hemos salido de la crisis produciendo más y viviendo mejor, sino consumiendo menos y viviendo peor. Los que ya consumían mucho lo han notado poco, pero los que consumían lo justo andan en la subsistencia.

En este sentido, la proletarización de las clases medias en todo Occidente como consecuencia de la crisis de especulación financiera que cumple este mes dos años es, sin duda, el elemento más inquietante o sea, desastroso- del actual panorama social. De entre todos los datos macro que han surgido en este mes de agosto casi todos negativos- el más preocupante es la desaparición de comercios, pequeños negocios y microempresas. Esa clase media emprendedora, que crea su propia máquina de facturar, cuya productividad duplica a la de funcionarios y proletarios de grandes empresas, ha echado el cierre. Hablo de pequeñas empresas de turismo, información, hostelería, transporte, despachos profesionales de abogacía, periodismo, enseñanza, medicina, etc. En definitiva, el pequeño propietario que no está representado ni por la patronal CEOE, ni por la CEPYME ni por los sindicatos CCOO y UGT, lo cual demuestra su osadía, nobleza y señorío, que paga más impuestos que la gran empresa y que no accede a ningún subsidio porque se le niegan todos y porque ni cuenta con ellos.

El paro aumenta entre los autónomos más que en ningún otro segmento laboral y la facturación de los servicios cae más que la de la industria.

En definitiva, el efecto más pernicioso de la crisis económica es la proletarización de Occidente. La pequeña propiedad cede su puesto ante el Estado y ante las multinacionales. No olvidemos que estamos saliendo de la crisis a costa de aumentar el déficit y la deuda públicos. Esto significa que durante un par de generaciones resultará imposible reducir la presión fiscal. Estaremos hipotecados. En definitiva, que estaremos en manos del Estado y de los grandes corporaciones, especialmente de los bancos. Y qué curioso: ambos se alían siempre contra el pequeño propietario, en una verdadera conjura permanente contra las clases medias.

Al final, no sólo perdemos dinero, lo que perdemos es libertad. Y la libertad no la oferta el BCE al 1%. De ese material, no tiene depósitos en su almacén.

Eulogio López

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