Madrid todavía no nos hemos recuperado de las palabras de Juan Luis Cebrián, el consejero delegado de Prisa. No por sus embustes acerca de la televisión local y no por denunciar la cohabitación entre medios de comunicación y poder, cohabitación donde su grupo representa el acabóse de la lujuria. Tampoco por denunciar a los confidenciales de Internet, es decir aquellos informadores independientes, a los que por su pequeñez los grandes editores, por ejemplo, Janli, no pueden controlar. Todas ellas son mentiras necesarias que el señor Cebrián tiene que proferir aunque desearíamos que no las profiriera con tanto entusiasmo- y que vienen impuestas por el salario propio de un consejero delegado y hasta por su pertenencia al club de Bilderberg, el último invento masoncete, al que sólo acceden los más selectos y repugnantes capitalistas del mundo. No, digamos que todos esos embustes estaban previstos en el guión.

No, donde Janli se ha superado y ha epatado a la concurrencia es cuando felicitó al Gobierno Zapatero por lograr la paz digital con el reparto de frecuencias de TV digital por anticipado. Verás, Janli, príncipe, por la boca muere el pez, porque resulta que, al menos oficialmente, la paz digital no está firmada, oficialmente no existe dicha paz ni dicho reparto de frecuentas digitales entre los miembros del oligopolio informativo. Es decir, el incontinente Janli estaba descubriendo el gran secreto, que se hizo carne el pasado 29 de junio, en un almuerzo celebrado en Moncloa, con Zapatero como anfitrión, al que acudieron todos los miembros del oligopolio informativo español, los señores de la prensa. Sólo faltaban Polanco y Janli, porque, naturalmente, ellos no son miembros del oligopolio, sino los miembros más destacados del mismo. ¿Qué sé yo, es que como si a una reunión de banqueros acudiera Emilio Botín y se mezclara con su colegas, de igual a igual. No, para eso envía a su segundo, Alfredo Sáenz, si ustedes me entienden. En junio, en Moncloa estaba Polanquín, es decir, el consejero delegado Javier Díaz Polanco. Por lo demás, no faltó nadie el pasado 29 de junio : presidente de Tele 5, de A-3 TV, etc. No faltó nadie, y allí quedó sellado el pacto que dejó firmado Miguel BarrosoMr. Bean, cuánto debes a tu ex secretario de Estado de Comunicación, un hombre de El País, claro está).

El pacto es muy sencillo y no precisa de contrato alguno. Es más, como se trata de un pacto mafioso, mejor que sólo se enteren los elegidos. Porque la paz digital del bocazas de Cebrián consiste en lo siguiente: Zapatero, emulando a su admirado Néstor Kirchner, les vino a decir lo siguiente (bueno, más bien vino a poner el broche al siguiente pacto muñido por Barroso y Rubalcaba. En un almuerzo no se negocia, sólo se confirma lo ya pactado por los segundos niveles, especialmente por la presencia de algunos elementos indeseables como el representante de Recoletos): si permitís que Canal Plus emita en abierto, y que yo pueda conceder un único canal más a mis chicos del Grupo Zeta, de la productora Mediapro y de La Vanguardia, todo con el PSOE, o no invitaré a nuevos comensales al banquete digital. La TV seguirá estando controlada por Polanco, Lara, Berlusconi y RTVE. A Vocento, muy importante por su red de periódicos regionales, les promete que volverán a controlar como antes los informativos de Tele 5, y a Pedro José Ramírez ya le mataremos a besos con algún otro juguete. Los curas de la COPE, por supuesto, que se fastidien.

EL pacto es sencillo : tratadme bien y cuando se abra la nueva frontera tecnológica, la TV digital, yo no haré nuevas concesiones: le daré 6-8 canales a la pública RTVE, cuatro canales a Polanco, cuatro a A-3 TV. Cuatro a Tele5 y pongamos dos al Grupo Zeta. Pero, naturalmente, la digitalización no permite 22 canales, sino 40 o 50. Además, podría daros menos. Yo sé que a vosotros lo que más os interesa es que no hay nuevos comensales ala mesa (qué se yo, El Corte Inglés, Zara, una asociación de periodistas, La Caixa lo único que se necesita es dinero), y mientras os portéis correctamente con un gobierno tan progresista como éste, podéis estar convencidos de que me guardaré de vuestros intereses. O sea, la paz digital de Janli.

Es la foto del poder (VER FOTO : de izquierda a derecha, Alejandro Echevarria, Maurizio Carlotti, José María Bergareche, José Manuel Lara, Rodríguez Zapatero, el ministro Montilla, Jaime Castellanos, Javier Díez Polanco, Jorge del Corral) que no precisa de concursos públicos: un pacto entre caballeros, oiga, que ha convertido la España informativo en un predio de Zapatero y Polanco, o de Polanco y Zapatero, y que ni soñara el mismísimo Felipe González. Se consagra el oligopolio y sobre todo, se anula la crítica televisiva al poder. Así que, hasta 2010 las críticas en TV irán dirigidas a la derecha y a los curas, que siempre aportan una nota de color y, por supuesto, de pluralismo.

Y todo ello en la mitad de un mar de confusión total. Así, algunos lectores de Hispanidad matizaban nuestras informaciones sobre la reunión del 29 de junio (firma de la Paz digital, feticida de San Pedro y San Pablo, porque Zapatero, que ya rectifica a Jesucristo, se siente como el primer papa y el apóstol de los gentiles, todo en uno) que nos estábamos equivocando, que la que había manipulado era Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid. Grandes críticas al PP madrileño (merecidas sin duda, pero insignificantes) por la concesión de canales de TV local en Madrid, enfado de Janli porque a su red de TV local Localia no le han concedido emisora en Madrid, amigo de impugnaciones, demandas judiciales y otras trifulcas. Todo ello para locales que en el mejor de los casos, tienen una cobertura de 3,5 millones de personas (si le hubieran concedido las once demarcaciones madrileñas), mientras pasa totalmente inadvertido la cacicada del 29 de junio, que afecta a 42 millones de potenciales clientes que viven en España. Curioso.

Y el que más protesta es Janli, consejero delegado de una empresa que está en el oligopolio digital, que mantiene el monopolio de la TV de pago y que, además, posee la mayor red local de televisiones de España tras incumplir una ley del Gobierno Aznar que le obligaba a desprenderse de ella. ¡Y el que quiera aprender que vaya a Salamanca!

¡Pero qué brillante eres, Janli! ¡Un poco bocazas, ciertamente, pero muy brillante! ¡Pedazo de académico! Mi único temor es que te hagas daño al andar, al pisarte ese rostro enorme que tienes. Prudencia, Janli, prudencia.

Eulogio López