Sr. Director:

El Congreso de los Diputado ha decidido mayoritariamente, con el inestimable apoyo del PP, que Andalucía es una realidad nacional; la base sólida para esta definición la han encontrado en el Manifiesto andalucista de Córdoba, que describió a Andalucía como realidad nacional en 1919; pero el gran logro, según los populares, es haber introducido una frase que, a forma de salvaguarda de la unidad nacional, reconoce a Andalucía como una nacionalidad en el marco de la unidad indisoluble de la nación española.

La argumentación de Blas Infante era que Andalucía había sido una nación, principalmente, durante la época de al-Andalus; pero, en realidad, la extensión de al-Andalus no se correspondía con la de nuestra región, sino con toda la parte de la península que llegó a estar bajo poder musulmán. Además los firmantes del Manifiesto de Córdoba no se representaban más que a sí mismos, ya que no fueron designados (democráticamente) como representantes de los andaluces.

Por otro lado, el simple hecho de que un grupo de personas decida que Andalucía es una realidad nacional, ahora y en 1919, no hace de nuestra región una nación; pues la realidad es bien distinta, ya que Andalucía es fruto de la división provincial, ideada en 1833, por Javier de Burgos; y su extensión abarca tanto el antiguo reino de Granada como parte de Castilla la Novísima.

La única realidad nacional que existe en España es ella misma. Una España que nace de la unión de los reinos de Castilla y Aragón, por el matrimonio de los Reyes Católicos (1469), con el único fin de recuperar el reino Hispanicus, a la que siguieron la reconquista de Granada (1492) y la posterior incorporación de Navarra (1512), por aprobación de sus propias cortes. También comenzaron una política matrimonial con Portugal que culminó cuando Felipe II de España subió a su trono (1580), uniendo por última vez toda la Península Ibérica. Como dijera el filósofo Julián Marías, () ha sido la primera nación que ha existido, en el sentido moderno de esta palabra.

Si Arenas conociera en profundidad el Manifiesto de 1919 se habría dado cuenta de su carácter independentista y, por otro lado, su coletilla no es garantía de nada; del mismo modo que la Constitución de 1978, a pesar de avalar la unidad de España, no es suficiente para frenar esta orgía nacionalista que nos está disgregando.

Lo que está claro es que, esta, es una más de las aportaciones del PP, entre tantas otras, al desmantelamiento nacional a medio y corto plazo; por lo que les rogaría que se quitaran, de una vez, la careta españolista y dejaran de insistir en su falso patriotismo constitucional.

Andalucía no necesita ser realidad nacional para no ser menos que otras regiones como, por ejemplo, la catalana. Lo que realmente necesita son buenos gestores que la saquen de su atraso económico, social y cultural; pero para esto necesita reafirmarse en su españolidad y luchar contra unos nacionalismos insolidarios, que están acaparando progresivamente la mayor parte de los recursos económicos españoles; y, que, acabarán condenando a Andalucía a no poder levantar cabeza: por mucha realidad nacional que sea.

Manuel Maldonado

manuelmaldonadogr@gmail.com