Sr. Director:

El Centro de Recursos Educativos para Deficientes Auditivos de Cataluña (CREDAC), es la asociación que envía logopedas a los colegios en donde tienen alumnos afectados.

Por lo tanto, son los encargados de prestar la asistencia a estos niños para que lleguen a verbalizar. Este objetivo, según los expertos clínicos y pedagogos, sólo se puede conseguir en el caso de una estrecha colaboración entre profesores, logopeda y familia, que implica necesariamente que todos utilicen la lengua familiar de la criatura afectada.

Pues resulta que también el CREDAC impone la política de inmersión al catalán a los niños sordomudos. Ni siquiera en estos casos extremos hacen una excepción. Prefieren condenar a estos seres disminuidos e indefensos a la reclusión social que representa el lenguaje de los signos. Los padres de los niños Héctor (10 años) y Eloy Arrabal (5 años), sordos de nacimiento, llevan años batallando en vano con el CREDAC del Baix Llobregat, zona donde residen, para que el logopeda que asiste a sus hijos, 4 horas por semana, se avenga a hablarles en español, su idioma materno.

Conscientes de que llevan perdido (sobretodo, el mayor) unos años esenciales para poder hablar con soltura, no han escatimado pasos y puertas donde llamar reclamando ayuda. Actualmente, los niños están escolarizados en el colegio público El Barrufet (Sant Boi de Llobregat), en régimen de inmersión como todos los demás.Hemos recurrido a la directora del Centro, a la inspectora de zona, y a la delegada del Departamento de Educación de la Generalidad de Cataluña se lamentan con amargura y desesperación los padres. La respuesta repetida es que si queremos que se les enseñe en castellano debemos salir de Cataluña, o bien conformarnos con el lenguaje de los signos.           

Por si esto fuera poco, Mª Encarnación la madre tiene concedida la invalidez permanente por el estado de ansiedad que padece, como consecuencia del drama familiar, hecho que utilizan en su contra cuando acude a alguna de esas Oficinas reclamando derechos lingüísticos para sus hijos. Asegura que le han llegado a decir que los está perjudicando y que le van a tener que retirar la patria potestad.         

La última guinda de todo este pasteleo ha sido que de la lista de libros que el colegio ha facilitado a los Sres. Arrabal para Héctor (la misma que para cualquier otro alumno) han tachado el de lengua castellana porque consideran que los sordos no pueden aprender dos lenguas a la vez. Así, sin mala conciencia; cargados de razón. Una se sorprende que este matrimonio conserve la cordura ante tan delirante situación.

Éste es uno de tantos casos, aunque, no es el de los sordomudos catalanohablantes, que son atendidos en su lengua y disfrutan de las ayudas que las instituciones públicas catalanas otorgan a las familias afectadas.

El miedo a denunciar, en este contexto de totalitarismo lingüístico, no hace más que aumentar la sima entre ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda, que el nacionalismo étnico ha creado.

Marita Rodríguez

toleran@teleline.es