La vicepresidenta de Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, pasó ayer lunes algunos apuros formales -sólo formales-  en Roma, a donde acudió para entrevistarse con el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin.

Le preguntaron, cómo no, por la reforma del aborto, de Ruiz Gallardón (en la imagen), ahora en cuestión. Soraya no tenía ninguna gana de contarle a Parolin la verdad de lo que está pasando: que el Gobierno se está arrugando con esa reforma, oh cielos, ante el temor de  pérdida de votos… Pero sí tenía ganas de insistir, ante los periodistas, en la misma retahíla que lleva soltando en cada rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros de los viernes: que siguen estudiando los informes (agárrense, entregados en mayo) y que buscan el mayor consenso, el mismo que les importa un pito no conseguir para otras cosas, como la elección de alcaldes o la reforma fiscal.

Para las cuestiones importantes, según el PP, sí vale una mayoría absoluta y lo que haga falta. Todos recordamos la 'quita' en las nóminas y en el IPRF decretada por Rajoy con apenas un mes en el Gobierno. Pero para cuestiones 'menos importantes', como el aborto, hace falta consenso.

La reforma de Gallardón es importante, fundamentalmente, porque fue un compromiso electoral. Como señalábamos ayer, es cierto que apenas iba a reducir el número de abortos en España, aunque ha cosechado kilos de demagogia y toneladas de mentiras, pero, eso, es un compromiso electoral, que se ha ido diluyendo a medida que avanza la legislatura.

Las primeras señales de la inmensa tomadura de pelo de Rajoy a sus votantes las dio este verano Rafael Hernando, cuando admitió abiertamente que había "discrepancias internas" en el seno del PP porque era "un tema sensible". Escuchen, no era un "tema sensible" porque mueren miles de niños antes de nacer -con lo que niega el mandamiento más elemental sobre la vida-, sino porque "no hay una posición homogénea" en el partido. Hernando estaba adelantando, lisa y llanamente, lo que se está confirmando, que estaban dando marcha atrás, entonces, para eliminar el supuesto de malformación del feto, y ahora están dando marcha atrás a todo y que todo seguirá como hasta ahora, con uno u otro coladero que no evitará ese holocausto silencioso de tantos bebés.

Ahora nos enteramos que lo que teme el PP de verdad es la pérdida de votos, lo que lleva indefectiblemente a plantearse que el verdadero problema del PP no está en la pérdida de votos, sino en la falta de principios, que es lo que lleva a decir un día una cosa y al siguiente, la contraria. Y cuando eso ocurre, como siempre en estas cosas, un día deja tirados a un millón de votantes y al siguiente, a otro millón. Por eso es importante un programa electoral y lo menos ambiguo posible.

Pedir convicciones al PP es como pedir peras al olmo. Entre otras cosas porque con esa misma ambigüedad quiere pescar votos tanto entre los que tienen profundas convicciones como entre los que juegan en campo contrario. Y mientras, Rajoy mira para otro lado o se fuma un puro, ignorando lo que piensa la mayoría de los españoles también cuando se asocian esos dos términos: PP y aborto.

Y para dejar claro la tomadura de pelo, horas después -mañana del martes-, el propio Gallardón, el mismo que filtró a El Mundo que abortaba la ley del aborto (edición del pasado sábado), aseguraba, sin despeinarse, que debía paralizar la reforma porque todos sus esfuerzos estaban centrados en el "desafío soberanista catalán". Burla, estafa y cinismo en una sola declaración. ¡Qué grande eres, Alberto! Pero le comprendo: en dos años no le ha dado tiempo a elaborar un anteproyecto que ya estaba elaborado. El desafío soberanista le tiene agotado.

Mariano Tomás

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