Los vaticanólogos -tanto los que aciertan en contadas ocasiones como los que se equivocan siempre- hablan y no paran sobre la reforma de la curia (en la imagen el Papa Francisco).

Mire usted, la Iglesia no necesita de reformas, hablemos del Cuerpo Místico de Cristo o hablemos de la jerarquía eclesiástica. De hecho, tampoco la sociedad cristiana necesita reformas. Aquí el único que necesita reformarse es el hombre, todos y cada uno de los miembros de la Iglesia, sean clérigos o laicos.

Es el momento de dejar de hablar de conversión de la Iglesia y comenzar a hablar de la conversión o re-conversión de los cristianos, uno por uno, porque el hombre se salva en compañía pero cada alma será juzgada de forma estrictamente individual.

Si todos los reformadores comenzaran por reformarse a sí mismos, no sería necesaria ninguna medida de la jerarquía.

Y más vale que esa reforma individual la hagamos cuanto antes, porque la suma de las no-reformas individuales está produciendo una sociedad cristiana hecha un asquito. Y lo que es peor: sin posibilidad de permanencia.

Es cierto que la jerarquía tiene una responsabilidad especial, pero la tiene, ojo, a título estrictamente individual.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com