• En concreto, solicita a la lesionada canciller alemán que reforme el Tratado de Lisboa, el remedo de la fallida Constitución europea.
  • Y Merkel está de acuerdo: tampoco a ella le conviene una Europa secesionista. Ahora que había conseguido controlarla toda entera, bajo la bota de Berlín.
  • Además, Merkel quiere a García Margallo como sucesor de Durao Barroso.
  • Sin embargo, Artur Mas se pone a la cabeza de la recuperación económica y asegura que el inicio de recuperación afianza sus tesis.
  • Mientras, el PNV se apunta a la campaña para que el Rey abdique en su hijo Felipe.
  • Con el telón de fondo de la nueva imputación de la infanta Cristina.

Al final va a resultar que España se convierte en la clave de la renovación europea... muy a pesar de Mariano Rajoy, claro está (en la imagen junto a Merkel). Como ya informamos en Hispanidad, la canciller alemana Angela Merkel quiere al ministro de Asuntos Exteriores española, José Manuel García Margallo, como presidente de la Comisión Europa, en sustitución de su tocayo, el portugués a José Manuel Durao Barroso.

Y lo más probable es que esto se decida en una Ejecutiva extraordinaria del PP, al no celebrarse la ordinaria del lunes, festividad de la Epifanía. Esa reunión podría ser para el miércoles o el jueves.

En principio, a Mariano Rajoy debería gustarle que Margallo, su mano derecha, se convirtiera en el sucesor de Durao, pero eso exigiría su dimisión inmediata como ministro de Exteriores para dedicarse a las legislativas europeas, que ya están aquí. Y eso llevaría a don Mariano a abordar lo que más teme: una crisis de Gobierno, en un momento extraordinariamente delicado para el Partido Popular.

En cualquier caso, es difícil decirle que no a Merkel, porque la canciller ha escuchado y apoyado la petición de Rajoy para que se revisen las normas de funcionamiento de la UE en materia de secesiones. A Merkel no le gusta la secesión de territorios, ni en Escocia ni en Cataluña ni en Córcega. A fin de cuentas, ha logrado una Unión Europa unida bajo el dictado de Berlín. Ahora bien, el problema catalán no es su problema. Hay que solucionarlo aquí.

En cualquier caso, una Europa antisecesión conlleva, según fuentes de Moncloa, reformar el Tratado de Lisboa, ese remedio de constitución europea tras el fallido intento de la Constitución europea que redactara Giscard D'Estaing.

Y, mientras, en la España rota, de la que ya se empieza a hablar con el fatalismo habitual en las tierras íberas, se sigue echando leña al fuego. Por un parte, el facto de unidad nacional, que sigue siendo la Corona, ha vuelto a dar problemas. Nueva campaña para que Juan Carlos I abdique en Felipe VI, con la excusa de su delicado estado de salud y su actitud dolorida -que no dolosa- durante la Pascua Militar. El director del diario El Mundo aporta sus encuestas. La postura de Pedro J. Ramírez, el hombre que ha lanzado todas las campañas pro-abdicación, sigue estando oficialmente contraria al relevo. Pero, claro, si lo pide el pueblo. Ya se sabe que el resultado de un referéndum, o de una encuesta, depende de cómo se formulen las preguntas.

En el entretanto, el presidente catalán Artur Mas sigue subido a la colina. En Moncloa aseguran que quien ahora no quiere negociar es él. Nueva rueda de prensa de Mas en la mañana del martes 7. El líder de CiU se ha puesto a la cabeza de la manifestación y asegura que la recuperación económica supone un 'cambio de rasante'... naturalmente favorable a la autodeterminación.

Y en Euskadi, el presidente del EBB, Andoni Ortúzar, cambia la sutileza catalana por el palo y tentetieso vasco: el Rey debe marcharse. Todo ello bajo el telón de fondo de la nueva imputación de la infanta Cristina.

En definitiva, Rajoy tendrá que tomar una decisión para contentar a Merkel si desea su apoyo. Y a don Mariano no le gusta que le presionen.

Después de todo, el problema no está ni en Berlín ni los secesionismos catalán o vasco. El problema está, una vez más, en el cainismo español. En efecto, el guerracivilismo reina en España y las alusiones a la contienda civil ya no son exclusivas de este diario digital. El propio Artur Mas ha pedido que se recuerde la guerra civil. No tengo claro si como advertencia o como amenaza.

Eulogio López

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