Decíamos ayer, para ser  exactos el 4 de agosto que en el Aeropuerto del Prat había comenzado la era de la impunidad laboral y que, al igual que ocurrió con los pilotos del Sepla,  si la dirección de Iberia y el gobierno no castigan a los huelguistas que toman como rehenes a miles de ciudadanos los hechos volverán a repetirse. Al menos por el momento, ni pilotos ni empleados del Prat han sido sancionados como exige la justicia. En efecto, entramos en la época de la impunidad y de una cierta irracionalidad.

Contemplen si no el remitido que nos envía una tal Carolina (lamentamos no poder dar el apellido pero lo oculta pudorosamente) a la que supongo empleada de tierra de Iberia en el aeropuerto barcelonés del Prat. Además de un montón de inexactitudes interesadas sobre el concurso de handling en los aeropuertos, se aportan una serie de conclusiones interesantísimas. En primer lugar se da a entender que una empresa, en este caso Iberia, tiene la obligación de mantener una actividad le guste o no, y de ganar una subasta independientemente de lo que pujen sus adversarios para que la srta. Carolina mantenga su empleo sin cambio alguno. Es lo que se llama mentalidad de funcionario : trabajo para toda la vida, independientemente de que lo haga bien o mal.

Pero la muestra de irracionalidad más grande viene al final: Carolina muestra como un gran mérito las horas extraordinarias que los esforzados empleados en huelga trabajaron para solucionar el desaguisado que ellos mismos habían provocado. La verdad es que no arreglaron nada porque los miles de pasajeros atrapados en la celada de los muy responsables trabajadores ya habían perdido su tiempo, su dinero, sus vacaciones y sus nervios.

Es la misma lógica, la lógica del chantaje, que exhibía la representante sindical que se plantó ante las cámaras tras el desastre. La principal excusa para justificar su injustificable comportamiento fue manifestar que nadie les había evitado el acceso a las pistas. Es decir, que cuando la abajo firmante atraque un banco una tentación que me corroe cada día- alegaré ante su Señoría que ningún agente del orden estaba allí para evitar el atraco. Por cierto, afirma la srta. Carolina que los sindicatos les engañan, seguro sí, pero eso no fue lo que ocurrió en el Prat. Lo que ocurrió en el Prat es que un grupo de descerebrados lideraron una situación al grito de a las pistas, a las pistas. Y también ocurrió que otro grupo más mayor de descerebrados y cobardicas se dejó llevar por los cuatro sinvergüenzas sindicalistas o no- que iniciaron el proceso.

¿Qué hubiera ocurrido si se hubiera estrellado alguno de los 30 aviones que sobrevolaban el Prat por falta de combustible, lo inesperado de la situación etc? Pues probablemente que mentalidades tan profundas como la srta. Carolina seguirán insistiendo en el esforzadísimo trabajo de los trabajadores de tierra de Iberia en el Prat para enmendar el daño que ellos mismos provocaron. En la era de la impunidad y la irracionalidad, todo cabe.

En una cosa tiene razón, doña Carolina: ni la dirección de Iberia ni el Gobierno Zapatero están exentos de responsabilidad. Los causantes y los culpables fueron los compañeros de Carolina pero los responsables de la impunidad serán la propia compañía Iberia y el Gobierno, encargado de la seguridad aérea. Pero sólo en eso, en lo demás lo que tienen es mucha cara.

                                                                                                             

Eulogio López