Y coincide con el varapalo del juez Ruz a la contabilidad del partido

No llega en buen momento la condena al ex presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra: cuatro años de cárcel por delito fiscal, aunque ha sido declarado inocente de cohecho y tráfico de influencias.

Fabra tuvo su importancia durante el Aznarismo, así como para la reconquista de la Comunidad Autónoma de Valencia por parte del Partido Popular, hasta convertirse en un semillero de votos del PP.

Además, la familia Fabra tenía influencia sobre la familia Aznar.

Nada bueno para la reputación del PP y del Gobierno Rajoy, pues coincide con el auto del juez Pablo Ruz, que pone en solfa la higiene del dinero con el que se pagó la remodelación de la sede central del PP en la madrileña calle Génova. El temor a otro julio sangriento, como el de pasado verano con el caso Bárcenas.

Andrés Velázquez                             

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