Sr. Director:
No ignoro que todavía hay mucha juventud sana, pero cada día, al leer el periódico, se incrementa mi impresión de que, especialmente entre los jóvenes, se está perdiendo el temor de Dios.

Es lo que se deduce de la frecuencia con que se suceden las noticias sobre el fracaso escolar, las faltas de respeto y las agresiones a profesores, la violencia en las aulas, los intentos de violación por parte de menores, fenómenos como el botellón, etc.

Y no creo que sea ajeno a todo esto, el progresivo apartamiento de la religión y de la Iglesia de esa misma juventud. Parece que se está cumpliendo lo que decía Dostoievski en los Hermanos Karamázof: Si Dios ha muerto, todo está permitido. Por ello dudo que la pretensión de imponer el laicismo en la educación contribuya mucho a formar buenos ciudadanos y al bien común de la sociedad.

Luis Esquena Romaguera

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