Confieso mi exageración. El locutor Federico Jiménez no ha conseguido dividir a los obispos. De hecho, en la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal, donde se debatió la continuidad de la elegante estrella de la COPE, el resultado fue de 22 a 1, por lo que el término ‘división' no resulta pertinente. De hecho, lo curioso es que ganó el 1 y perdieron los 22 (21, si descontamos a alguien muy próximo al 1), Federico se queda. O sea, que, de división, nada de nada: Jiménez ha sido renovado por unanimidad.

Eso sí, los 22 ó 21, según depende, consiguieron una victoria moral -no podía ser de otra forma, considerando el aforo- consistente en "leerle la cartilla" al señor Jiménez Losantos, medida sobre cuya eficacia no albergo la menor duda.

Por decirlo en términos lo más comprensible posibles: si con el micrófono pendiente de un hilo, Jiménez se ha permitido llamar masón al Nuncio vaticano, acardenalado al arzobispo de Barcelona y, lo más impactante, aludir sin citar al Primado de España, como ese "cardenal bajito que me ha traicionado", imagínense el zumo que puede surgir de sus meninges a partir de ahora, justo cuando el Gobierno Zapatero se desmelena en contra de la Iglesia. A lo mejor firman una alianza contra los curas.

Nuestro modesto muchacho de Teruel continuará en esa línea de humildad y caridad cristianas que han forjado su estilo. Sobre todo humildad, porque ahora hemos descubierto que los cardenales primados están en el mundo para eso: para apoyar a Federico Jiménez. Y sí, debemos confesarlo: se puede traicionar a la Iglesia y a los obispos, pero no a Federico. Es una simple cuestión de jerarquía... radiofónica. Concluyendo, que es gerundio: monseñor Cañizares, haga usted el favor de pedirle perdón a Federico por haberle traicionado.  

Lo peor de todo es que se ha impuesto el sentido económico: si Federico se va la COPE se hunde y tendremos otra EDICA. Yo no me lo creo, especialmente ahora, cuando la publicidad en el programa de Federico, como en toda la radio, rueda precipicio abajo y cuando la COPE, como el resto de las emisoras, tendrá que afrontar una crisis de anunciantes muy comprometedora. En cualquier caso, los criterios económicos, por muy nobles que sean -que lo es salvar el salario de tantas familias- por muy ciertos que sean -que no lo son, en el presente caso, porque el futuro de la COPE no depende del señor Jiménez, mientras el futuro del señor Jiménez sí depende de la COPE- nunca han constituido la razón de actuación del Cuerpo Místico, que de eso estamos hablando. En roman paladino: si la Iglesia tiene una emisora de radio esa emisora debe servir para evangelizar, que no es rezar rosarios por las ondas -aunque también- sino informar desde una perspectiva cristiana. Y si no sirve para eso se vende y en paz. Y lo mismo puede decirse de colegios, universidades, hospitales, instituciones humanitarias, etc.

En el entretanto, ruego a alguien, no sé a quién, sirva pensarse durante unos segundos, no más, mi propuesta de cierre definitivo de las conferencias episcopales, organismos burocráticos donde ocurre lo mismo que en las instituciones mediáticas: casi novena obispos representados por 23, a su vez representados por 6, a su vez representados por 1. ¿Y qué ocurre cuando el uno se queda sólo frente al pueblo? Pues que ya no es pueblo sino turbamulta, y gana el uno.

Se lo traduzco a términos económicos: tiempo atrás, la COPE era propiedad de un montón de obispos -el obispado es la institución colegial católica por antonomasia- que se repartían la propiedad de la COPE, junto a órdenes religiosas, en pequeñas participaciones. Pero siguiendo la moda mundanal, ahora el 50,01 de la COPE es propiedad de una institución llamada Conferencia Episcopal. Ente jurídico donde no se percibe otra sucesión apostólica que la de sus componentes. O sea, una institución muy democrática, que es lo que deben

Y así, al final, pasa, por ejemplo, que un señor muy listo, introduce una cuña en dicha institución -muy democrática, eso sí- y se dedica a malmeter en provecho propio. Ha secuestrado la COPE y ha modificado ligerísimamente su ideario en la práctica: ahora ya no trata de santificar las gentes sino de echar a ZP de La Moncloa. Y esto es lo que me fastidia, porque si al menos consiguiera lo segundo... Pero no puede, los personajes como Jiménez son especialistas en dividir: a la Iglesia, a la derecha, a los periodistas... Una vez renovado, estoy seguro que, a la mejor oportunidad, Losantos comenzará a lanzar diatribas contra Federico. Lo cual será terrible, porque Jiménez se verá obligado a tomar partido entre uno y otro. Va a resultar muy emocionante.

Por lo demás, todo está en orden.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com