Para los lectores de Hispanidad no es ningún secreto que no me gusta el PSOE y tampoco me gusta el PP, partido progre de derechas. Vamos que lo que no me gusta es el progresismo, ideología sin cuño que ya he resumido así hasta en demasiadas ocasiones: "Abajo los curas y arriba las faldas".

Las encuestas nos dicen que en la actual política española operan tres fuerzas:

1.Cansancio de la clase política y aumento de la abstención. La verdad es que no me extraña, pero me preocupa la cantidad de majaderías que florecen en este ambiente.

2.La pobreza produce radicalidad, es decir, que el voto socialista se vuelve comunista y el voto pepero se vuelve jacobino, también conocido como radicalismo de centro, es decir, UPyD. Así que Cayo Lara y Rosa Díez suben mientras bajan Rubalcaba y Rajoy.

3.La tercera tendencia actuante -ésta más española que, por ejemplo, francesa- consiste en la fuerzas de las identidades, que se opone a la fuerza de las ideologías. Hablo de nacionalismos, claro está, que han convertido su identidad -vasca, catalana o española, que también de eso hay algo- en algo parecido a su dios. Y ya sabemos que el fascismo no es otra cosa que la deificación de la nación, de la identidad.

Izquierda Unida es cada día más comunista y cada día más verde. Y ya se sabe que si hay algo tonto en política es lo rojiverde, entre otras cosas porque ambos, el rojo y el verde, viven de la subvención pública. Al igual que los banqueros, los comunistas y los ecologistas viven del dinero de los demás. El banquero, del dinero de sus depositantes e inversores, mientras comunistas y ecologistas del dinero del Estado, es decir, del conjunto de los contribuyentes. Corrección: desde la crisis financista, resulta que también muchos bancos viven del conjunto de los contribuyentes.

UPyD, de la inefable Rosa Díez, es un partido jacobino, radical-centrista. Ideológicamente, resulta difícil de definir porque ni ellos mismos saben lo que son, aunque saben lo que no son. No son cristianos. De hecho, la seña de identidad de UPyD es la cristofobia. No lo digo yo, lo dijo su mentor ideológico y fundador, Fernando Savater, cuando, en sus congresos fundacionales, repetía una y otra vez que la marca distintiva de la formación debía ser el laicismo. Y todos sabemos que el laicismo no es lo que hacen los laicos sino los que hacen aquellos laicos y curas que odian a Cristo.

No, no me gusta el relevo. Por cierto, ¿alguno de esos cuatro partidos no nacionalistas (PP, PSOE, UPyD e IU) representan valores cristianos Todos, claro está, pero también todos son incompatibles con los cuatro valores no negociables: vida, familia, libertad de enseñanza y bien común. Por tanto, en mi opinión, un cristiano coherente no puede votar a ninguno de los cuatro. Para un cristiano coherente no puede servir la teoría del mal menor, que ya sabemos, es el PP. Para un cristiano coherente sólo sirve el voto al bien posible. Los católicos no votamos para que gane Rajoy o para que pierda Rubalcaba, ante el temor a Cayo Lara o a Rosa Díez. Vamos por el bien posible, aunque sea poco posible.

Eulogio López
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