Hasta el más ateo de los judíos posee un sentimiento bíblico, que implica la concepción de pueblo elegido y un pálpito especial para reconocer el signo de los tiempos.

Quizás por ello, en charla con un conspicuo representante de la comunidad judía española, me comenta que Israel vive en estado de expectativa temerosa. La gente está nerviosa -asegura- y casi deseosa de que ocurra algo, por muy negativo que sea, pero que ocurra. Ya se sabe que no hay nada peor que la incertidumbre.

Le pregunto por qué han bombardeado Siria. Respuesta ecléctica: primero, porque un enemigo que no tiene nada que perder y que posee armas químicas siempre representa un peligro para Israel.

En segundo lugar, porque, aun plenamente consciente -no como ocurre en el bobalicón Occidente- de que los rebeldes sirios son yihadistas, lo cierto es que Bashar al Assad (en la imagen) ha alimentado a Hezbolá en el Líbano, y le ha situado un muro al norte de Israel.

En tercer lugar, y esto, al parecer, es lo más importante, porque Israel se está empezando a convencer de que no puede esperar nada de los Estados Unidos. Obama ha renunciado a poner en su sitio al fanatismo islámico e Israel se encuentra sólo.

Pero lo más importante es esa sensación de nerviosismo que reina en Israel. La sensación de que va a ocurrir algo, no en tierras de Judea, sino en el conjunto del mundo mundial. Hay una situación prebélica pero lo más temido es la guerra incontrolada que no distingue la frontera entre enfrentamiento bélico y terrorismo. Una guerra total -me dice-, no por su carácter nuclear sino por su alcance: todos contra todos, militares y civiles. Una guerra más tribal que nacional. Y global.

Resulta que Israel siempre jugará un papel, como causa, instrumento o consecuencia, en esa guerra tribal y universal.

Hasta aquí lo que me dice mi amigo. Pero no creo que resulte conveniente acelerar los acontecimientos negativos. Por eso, me parce muy negativo que, razones estratégicas aparte, Israel haya bombardeado Damasco.

Netanyahu es un sionista que parece odiar tanto a los fanáticos islámicos como a los cristianos sirios. Al menos, hace poca distinción entre ellos. Y los cristianos sirios, se lo aseguro, se sienten más cómodos con Al Assad que con los talibanes de la zona.

No ocurre lo mismo con Simón Peres, ciertamente, que es más judío que sionista y, por tanto, más respetuoso con el Occidente cristiano y mucho más consciente del papel que juega los judíos en el mundo -un papel clave- que con el simple poderío militar de Israel. Si los judíos son nuestros padres en la fe, los cristianos somos sus sucesores en esa fe.

No, no tiene ningún sentido que los hebreos ataquen Damasco. En estos momentos, el peligro para los cristianos sirios, aunque el majadero de Barack Obama no se haya enterado o no se haya querido enterar, no es Bashar Al Assad sino los rebeldes, tan apoyados por la Europa cristiana y por los muy cristianos Estados Unidos, los que masacren a los cristianos sirios.

Eulogio López

[email protected]