Sr. Director:
La libertad lingüística nadie nos la va a regalar. A la mayoría de los políticos les interesa la imposición por modas identitarias, mimetismos catalanófilos, intereses de poder y de partido, negocios millonarios que se esconden detrás de ese invento llamado «lengua propia», relaciones con el poder cultural que en este momento se inclina a favor del galleguismo y el nacionalismo identitario a espaldas del sentir de la mayoría de los ciudadanos, etcétera.

Es decir, la libertad lingüística tenemos que conseguirla los gallegos por nuestra cuenta a base de asociarnos y luchar. Una de las formas de lucha más eficaces contra los impositores es la insistencia.

Los impositores tienen que llegar al pleno convencimiento de que su empeño de imponer una lengua por la fuerza en una región bilingüe al menos al 50 % es una batalla perdida en un país democrático (no lo sería en un país totalitario).

Todas las razones que esgrimen los impositores son falsas y, en el fondo, están basadas en intereses económicos y de poder. Para ello no les importa tergiversar la historia, la lingüística, el sentido común, arruinar la credibilidad de la clase política, destrozar el sistema de enseñanza o desatender a los gallegos en sus necesidades más urgentes e inmediatas.

Me preocupan especialmente los no nacidos y nuestros pobres ancianos sin medios que a veces mueren en condiciones infrahumanas. La factura de las situaciones injustas siempre la pagan los más débiles.

Por ello no nos queda otra que insistir, insistir e insistir hasta conseguirlo. Yo estoy plenamente seguro de que conseguiremos ser libres en todos los ámbitos, incluido el lingüístico. De no ser así hace tiempo que habría dejado el tema y dedicado mi tiempo libre a otras cosas de más provecho. Pero por la libertad, todo esfuerzo merece la pena.

Sin libertad un país no es lugar de convivencia, sino una cárcel.

Gallegos Hispanohablantes

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