Vuelve Tobin: el presidente de la FSA británica y el de la Reserva Federal de Nueva York coinciden: hay que gravar fiscalmente los productos bancarios socialmente inútiles, es decir la especulación. Por contra, Obama y Sarkozy insisten en la imposible manía de reducir salarios a los bróker. Tobin sólo aludía al mercado de divisas. Ahora, haría que apuntara otros productos del mercado secundario, como las titulizaciones

Poco a poco, la crisis más dura de las últimas décadas comienza a ser bien interpretada. Bueno, al menos, por una minoría cualificada. Con una diferencia de 24 horas, dos personalidades coincidían en la necesidad de gravar fiscalmente gravar más- las actividades bancarias socialmente inútiles de la banca. Empleaban un eufemismo tan estirado para no hablar, pura y llanamente, de gravar fiscalmente la especulación financiera, verdadero fenómeno dominante en la economía actual. En todo caso, en ese punto coincidían el presidente de la CNMV británica, la FSA, Lord Turner y el presidente del supervisor neoyorquino donde radican los mayores y más especulativos bancos del mundo.

Ojo, el cambio es sustancial, aunque hayamos tardar 24 meses en darnos cuenta. Hasta ahora tanto Barack Obama como Nicolas Sarkozy, Gordon Brown o Ángela Merkel, se han conformado con paliar con dinero público los excesos de la especulación bursátil a costa de pedir que los intermediarios bursátiles y directivos de bancos de inversión y gestoras de fondos se recorten sus salarios.

Como resulta que tal recorte es imposible, o al menos no lo han conseguido los más poderosos de la tierra, lo mejor es gravar fiscalmente la especulación, perdón, las actividades bancarias socialmente inútiles.

La verdad es que podrían decirse que todo el mercado secundario, el 99% de la bolsa actual- es socialmente inútil pero, en cualquier caso, hay productos especialmente especulativos. Por ejemplo, las titulizaciones.

Se vuelve así al espíritu de James Tobin, aquel Nobel de Economía que promovía un impuesto especial, cuya recaudación se dedicaría al Tercer Mundo -¡Qué miedo!-, sobre el mercado de divisas. Como todo mercado financiero, el de divisas nació para ayudar a la economía real, en este caso para proporcionar divisas a exportadores y turistas. Pero, como ocurre en los mercados de deuda pública y privada, fija y variable, el objetivo inicial se ha desvirtuado hasta convertirse en un casino donde se cambian dólares, euros, rupias o rublos con el único objetivo de sacar una comisión: pura especulación sin relación alguna con el comercio exterior o con las necesidades del viajero.

Conste que mientras el Lord Turner persigue una venganza de la City la Reserva neoyorquino es más sutil: no se trata de fastidiar la cuenta corriente de los brokers sino de distinguir entre bien común y especulación, entre producción y rentismo, entre justicia social y codicia. No se trata de acabar con los brokers sino con la especulación.

Naturalmente, una medida de este tipo, impuestos contra la especulación, que Hispanidad lleva solicitando desde hace dos años, sólo debe hacerse al grito de o todos o ninguno, dado que vivimos en una economía global. Pero es el momento de plantearlo. James Tobin regresa después de muerto. A lo mejor, la crisis sirve para algo. Y esto sí supondría un giro copernicano en el modelo económico vigente desde el final de la II Guerra Mundial.

Eulogio López

[email protected]