Zapatero se alía con Lula en la labor de terrorismo diplomático contra el Tegucigalpa

Tiene verdadero miedo el amigo Mel Zelaya a no retomar el poder porque sabe que, si se llega a las elecciones de noviembre, ya no tendrá ninguna oportunidad legal. Precisamente lo que el pretendía era violentar la legalidad para perpetuarse en el poder. Lo repito mucho, pero es que algunos lo omiten siempre.

No nos engañemos, Zelaya necesita muertos. Estará deseando que los hondureños se atrevieran a asaltar la Embajada de Brasil, porque entonces Lula da Silva, el terrorista diplomático, lo consideraría un caso de guerra.

Ahora asegura que prefiere luchar de pié que vivir arrodillado. Uno diría que no ha leído con precisión a aquel asesino matón argentino conocido como Che Guevara pero eso no importa ahora. Lo cierto es que Zelaya busca, ante todo, un baño de sangre, para que se identifique  a Micheletti con el fascismo cruel. Naturalmente, no quiere dialogar: la lógica del diálogo, que no es la de Lula y Zapatero, aconseja que Micheletti y Zelaya se den la mano -con amnistía para ambos-, abandonen el poder tal y como estaba previsto en la ley para ambos, y se celebren elecciones sin tumultos en la calles, toques de queda es decir, elecciones legitimadas.

Pero Mel, como el Che, no quieren bajarse de la tarima del poder.

Y el presidente en funciones no tiene otra salida que la ya dicha: Romper relaciones diplomáticas con Brasil para poder cerrar la Embajada y tratar de otorgar las elecciones de noviembre la mayor libertad de elección posible. Al tiempo, intentar abastecerse de productos de primera necesidad, que es lo que precisa la población y es lo que trata de evitar miserables como Lula, Chávez o Zapatero. Eso sí, lo hacen en nombre de la restauración democrática. Porque con la tripa vacía no hay elecciones libres que valgan.

Eulogio López

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