El Gobierno Zapatero, a través de su ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, se ha rasgado las vestiduras: un golpe de Estado militar en Honduras: ¡Qué barbaridad! Toda España, el PSOE y el PP -lo cual demuestra la frivolidad de ambos- toda la comunidad internacional está en contra de la asonada. Y el que más, un golpista consumado, como es el venezolano Hugo Chávez

Hombre, mire usted, tampoco a mí me gusta que los militares salgan a la calle, porque es más difícil sacar a los soldados del cuartel que volverlos a meter. Pero de ahí a considerar al depuesto Manuel Zelaya un mártir de la democracia, pues va un trecho.

Decíamos ayer que una de las claves de la democracia en el siglo XXI consiste en limitar el mandato de los presidentes del Gobierno. En España, por ejemplo, la deriva del Zapatismo hacia la dictadura, o negación de derechos fundamentales, tiene su origen en que ZP pretende perpetuarse en el poder y ni la ley le limita mandatos ni él se autolimita.

Eso es, precisamente, lo que pretendía Zelaya: nada menos que cambiar la Constitución por referéndum para poder mantenerse al frente del Gobierno. Referéndum que, además, fue anulado por los jueces, ya saben, lo propio de la democracia. De paso, cesa al jefe del Ejército, destitución asimismo declarada nula por la judicatura e impugnada. Por si fuera poco el muchacho se lleva a sus milicianos (cederistas en Cuba, Círculos Bolivarianos en Venezuela, escuadras sandinistas en Nicaragua, indigenistas en Bolivia) a un cuartel y se lleva el material necesario para hacerse su consulta.

Este es el democrático prócer que ha sido expulsado del país en dirección a Costa Rica. Al parecer, en un Estado de Derecho, los gobernantes no tienen por qué obedecer a los tribunales. Los gobernados sí tienen que obedecerles a ellos.

Pero el asunto Zelaya supone algo más. Es el arquetipo de lo que está ocurriendo en Hispanoamérica con acrecida indigenista y populista. Crecida que obliga a replantearse la pregunta de Aristóteles: ¿Qué es democracia? ¿Lo que quieren los gobernantes democráticos o lo que preserva la democracia? La respuesta es: democracia es el sistema que mejor preserve los derechos humanos.

Democracia no puede ser lo que decidan los gobernantes democráticamente elegidos, porque entonces nos asomamos peligrosamente a una ristra de dictadores democráticos. Por ejemplo, en Hispanoamérica.

Miren quién apoya a Zelaya. Ortega, Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, todos los populistas. Todos ellos se caracterizan por su empeño en perpetuarse en el poder, al modo democrático: modificando las leyes necesarias para conseguirlo. El nombre está bien puesto, porque es cierto que han sido votados por el pueblo, pero también lo fueron Hitler y Fidel Castro, que también apoya al hondureño.

De otra forma, podremos estar asistiendo al nacimiento del sueño de Gramsci: dictaduras creadas desde la democracia, tiranías con pedigrí democrático y hasta libertario. Bolivia, Venezuela, Ecuador y Nicaragua ya se aproximan a ese curioso fenómeno del autoritarismo democrático.

Eulogio López

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