Nunca nadie hizo tanto daño en tan poco tiempo. De vez en cuando, ese cristiano acomplejado que es José María Aznar, antipático desde la cuna y ensoberbecido tras su paso por Moncloa (de nada) dice algo interesante.

En efecto, sus palabras constituyen un buen resumen de la gestión zapateril.  Además, las cifras de paro del martes ya no se ocultan ni con la columna de humo de las pensiones. No, el sentir general de que este personaje es un desastre de proporciones históricas cunde en todo el mundo menos en él mismo y en sus paniaguados, en aquellos cuyo cargo y privilegios dependen de la continuidad del líder.

ZP tiene en contra a toda la opinión publicada, de izquierdas o de derechas (si es que esos términos significan algo hoy en día) mientras el grueso de la opinión pública, desinformada por la televisión (insisto, el gran logro político de ZP es su férreo control de los canales televisivos, de prácticamente todos.

Decíamos ayer que Felipe González buscaba un adelanto electoral, a través del cual conseguir un Gobierno de concentración nacional para hacer frente a la pavorosa crisis económica. El ex presidente es el número uno en la lista de apuntado al Que se vaya. Seguramente en pocos días aprovechará cualquier acto para ganar las excelencias del Gobierno o criticar las de la oposición, pero eso forma parte del manual de instrucciones de don Felipe, un tipo tan ensoberbecido como el otro ex presidente, Aznar, pero, tras 13 años en Moncloa, es especialista en medir los tiempos políticos.

Para ello, González considera que lo mejor sería convocar elecciones, que seguramente serían ganadas por el PP, y no le importa un Gobierno de concentración presidido por Rajoy con ministros socialistas y catalanes (de CIU). Y es que el PP va en esa línea. Naturalmente, Zapatero se enroca en Moncloa y exige adhesión inquebrantable del Comité Federal del PSOE, aunque versos sueltos, que es como los medios más pastueños, califican a las almas libres, rebeldes contra la borreguil disciplina del partido. Como el manchego Barreda, quien ha exigido a ZP, en público, que cambie a todo el Gobierno, una forma fina de decirle que se vaya, porque cuando un Gobierno fracasa, el primer fracasado es el presidente.

González sigue teniendo su corte, entre los que figuran sus ex ministros Javier Solana, Carlos Solchaga y Pedro Solbes... y el actual ministro Rubalcaba, quienes no son tan osados como su maestro: no están dispuestos a otorgarle el poder a Mariano Rajoy: ellos prefieren un Gobierno de concentración sin elecciones, un Ejecutivo de emergencia, donde entren ministros del PP y catalanes, pero con ZP de presidente. Eso, aseguran, sí sería aceptado por el actual partido, incluso por Pepiño Blanco (otra cosa es que fuera aceptado por el PP). Problema. Que ZP es un sectario resentido, incapaz de compartir poder ni tan siquiera ante la mayor crisis de los últimos 100 años. En cualquier caso, González sigue en sus trece: ¿Gobierno de concentración con ZP al frente? ¡No serviría para nada!  Para eso, prefiere insistir en la pista Patxi López como sustituto de Zapatero. El problema es que la situación económica se degrada a tal velocidad que no hay tiempo para la derrota electoral, travesía en el desierto y creación de López, nuevo líder del PSOE.

Eulogio López

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