• La presión de las dos empresas propietarias impide mantener abierta a Garoña.
  • Eso sí, en tiempo de demanda a la baja nadie echará en falta sus MW.
  • Pero da una muy mala señal al mercado sobre el futuro de la energía nuclear.

Al final, el Gobierno se rinde. El ministro José Manuel Soria (en la imagen) ya abre las puertas al enemigo. Al enemigo verde, se entiende, y al otro enemigo, el PSOE. Los ecologistas ya han mentido, como en ellos es habitual: aseguran que Garoña se encuentra en un estado lamentable.

No es verdad. La historia de la central nuclear burgalesa es esta: para ganar el voto verde, Zapatero hace caso omiso del Consejo de Seguridad Nuclear y anuncia el cierre de Garoña, la más pequeña de las centrales nucleares españolas. Un gesto que nadie va a echar de menos por cuanto los 400-600 MW del reactor son perfectamente sustituibles por otros suministradores, especialmente en pleno auge de las subvencionadas renovables y con la demanda a la baja.

Los propietarios, Endesa e Iberdrola se enfadan y dan la batalla. Quieren amortizar la inversión en las mejoras programadas y aprobadas por el Consejo de Seguridad Nuclear. Si las elecciones las gana el PP, estamos salvados.

Y las gana, y el ministro Soria se dispone a prorrogar la vida de Garoña. Ahora bien, con los precios del 'pool' y la demanda en caída libre a Endesa e Iberdrola no les conviene prorrogar la vida de Garoña. Exigen nuevas condiciones al Gobierno y este no puede ceder: Garoña se cierra.

Así se hacen las cosas en España.

Miriam Prat

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