No sé si rectificar es de sabios pero, sobre todo, es de humildes, y el Gobierno ZP no tiene nada de humilde, si acaso, de humildico.

Un Gobierno humilde habría aprendido del Playa de Baquio y habría rectificado: a partir de ahora, todo secuestro de los salvajes somalíes contará con su plan de rescate empleando la violencia, sí, la violencia. De rescate y de escarmiento posterior a los piratas.  Otrosí. No se castigará a los oficiales de la armada que abren fuego contra los piratas -¿no se les forma para eso?- ni se devolverá a piratas prisioneros violentando la independencia de la justicia, aunque esa justicia esté representada por otro juez ególatra como Santiago Pedraz.

Pero de lo escuchado hoy a Doña Teresa Fernández de la Vega sólo cabe espera lo peor: con su soberbia y sectarismo habituales, y la mala uva que le caracteriza, doña Teresa no entonó ningún mea culpa y aplicó la consabida máxima: si me engañas una vez la culpa la tienes tú, si me engañas dos veces la culpa la tengo yo, si me engañas 3 veces la culpa la tiene el PP. Sí, me apunto al dicho, aunque mantengo el otro. La política española no se regenerará mientras el PP no sea borrado del mapa.

La soberbia y el sectarismo no tienen nada de rigor, y no son incompatibles con la frivolidad. De la Vega es frívola, amargada, del mismo modo que la ministra de Defensa, Carme Chacón, es una frívola insensata. Como son dos frívolas, el drama del Alakrana no representa para ellas más que una encrucijada de las que salir bien libradas. El cuerno de África, la piratería, el secuestro, el asesinato de inocentes, la nueva esclavitud de los piratas, el fundamentalismo islámico, la violación de adolescentes... todo eso es secundario. A De la Vega lo único que le preocupa es quedar bien ella y dejar mal a la oposición. O sea, el famoso concepto del bien común

Eulogio López

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